Nuestro pregonero
de este año 2015 es:

 


Juan Luis Sevilla Bujalance

 

Nacido en Baena, actualmente es profesor de la Facultad de Derecho y Empresariales de la Universidad de Córdoba, en concreto en el Área de Derecho Civil. Pertenece al Centro Jurídico Tomás Moro y al Grupo de Profesores Católicos de la Universidad de Córdoba.

Juan Luis Sevilla Bujalance es un cofrade de amplia trayectoria, que une a una amplia experiencia en el mundo de las hermandades una intensa carrera profesional en la que su compromiso cristiano ha estado muy presente. Pertenece a la hermandad del Santísimo Cristo de la Buena Muerte. 

Ha sido frecuente su participación en publicaciones del ámbito de la Semana Santa, especialmente la revista «Córdoba Cofrade». Uno de sus temas predilectos es el imaginero cordobés Juan de Mesa, de cuya obra es gran conocedor y al que profesa una profunda admiración.




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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D. JUAN LUIS SEVILLA BUJALANCE

 

ENCOMIENDA        

        A Ti, Reina, y Protectora de nuestra ciudad, se dirige la primera mirada de este hijo Tuyo, al que no adornan para estar aquí  otros méritos que el sentirse profundamente enamorado de Córdoba, y su convicción de que, aún siendo débiles por humanos, podemos proclamar que Te tenemos como Refugio, Madre, Norte y Guía en esta romería que es la vida del cristiano…        

        Por todo ello, aún sabiendo que no es por la propia valía, este pregonero, lleno de gratitud hacia quienes lo han honrado con ello, acepta la generosa y muy alta encomienda con que se han dignado señalarle para cantar Tus glorias, en esta bendita advocación que guarda Córdoba tan silenciosa como gozosamente…        

        Fue en la noche de un Viernes de Dolores, ese día en que también Córdoba Te honra en lo más profundo de su alma, allí en San Jacinto, junto al Cristo de los faroles…        

        Mi corazón palpitaba fuerte y mis pupilas se abrían a cuanto acontecía en aquél recóndito paraje de esta misma Sierra Morena, serena y silenciosa, que te acoge a Ti, Madre nuestra…

       
        En aquella noche tibia de Primavera, bajo un firmamento cuajado de estrellas, entre el olor a jara y el silencio, acompañábamos al Cristo en un emocionado Vía Crucis… Abajo, como las estrellas en el cielo, unas antorchas regalaban su luz a la Sagrada Imagen de Tu Hijo… Las siluetas fugaces entre la luz de la llamas dejaban entrever la comitiva que seguía Su caminar… Pisaban nuestros pies  ese mismo sinuoso tramo que, fatigado y jadeante, recorriera Alvaro con aquél pobre desconocido a cuestas, para llevarlo a Escala Coeli…        

        Fuiste Tú, sin duda, como ocurre con todas las madres, Quien empapara de caridad el corazón de aquél sencillo fraile, que así, con toda naturalidad, cómo sólo unos cuantos saben hacerlo, dio una de las mayores muestras de fraternidad, al recoger al mendigo enfermo y llevarlo al monasterio… Tu Hijo, quiso pagar esa muestra con la infinita compensación del Milagro de la Cruz, como testimonio de Su Presencia.        

        Por eso, a él, a Alvaro, una vez aprendida la lección de la humildad y el amor sin condiciones hacia todos los hermanos,  me encomiendo en esta noche para que en sus brazos me lleve como al mendigo del milagro… A sus brazos me entrego para que me acompañe y me inspire en este entrañable día, en que me dispongo a cantar y pregonar, Tu muy cordobesa, entrañable y querida advocación de Linares. Y tan sólo espero, Madre, y me atrevo a pedirte, que al final de mi caminar en esta vida,  aún a pesar de mis flaquezas y debilidades, por Tu maternal intercesión, empapado también de Ti, encuentre como Alvaro, la Divina Presencia de Tu Hijo.

Dignísimas autoridades que hoy nos acompañáis; hermanos y hermanas, romeros y romeras todos aquí presentes:

CÓRDOBA...

        Ha querido la Providencia, sin duda,  regalar a Córdoba glorias que a pocas ciudades ha concedido. Y sin duda, se cuenta entre ellas la de tener como Custodio a Rafael, uno de los muchos tesoros que se dan cita en la larga y noble Historia de la Cruz en la ciudad...

        Hállase nuestro singular Guardián entre los siete ángeles que más cerca se encuentran del Divino Trono, y toma su designación y encargo hacia la milenaria urbe, por la singular encomienda del Redentor, como aquél 7 de Mayo, allá por el Año de 1575, en una memorable noche, revestido de blancas vestiduras, revelase al Presbítero Andrés de Roelas, bajo juramento, poniendo por Testigo a Nuestro Señor Jesucristo.

        Manifestaba entonces Rafael al sacerdote que los huesos hallados en San Pedro recientemente, correspondían a los Mártires de Córdoba, cuyo paradero hasta entonces intuía la población en aquél templo, pero no lo terminaba de verificar… Aludía Rafael así, a otra  de las mayores glorias de la ciudad: sus Mártires. Tantos son y tanto reconocimiento tienen, que es la única ciudad que conozco en que una Cofradía se ha puesto bajo Tu advocación de Reina de los Mártires…

        De entre ellos, célebres son las figuras de Acisclo y Victoria, dos niños que con ardor y valentía se enfrentaron a su corta edad a la Autoridad romana, hasta alcanzar la corona del Martirio. Hoy son Patronos de esta ciudad que, silenciosamente, los guarda y venera en su corazón.

        Otros muchos siguieron su camino durante la Era romana: Fausto, Januario, Marcial, Zoilo… Crecía y aumentaba así la ejemplar nómina de los héroes de la fe cordobesa…

       Pero no termina ahí el reguero de sangre entregado por Cristo en la milenaria Córdoba, sino que el mismo va a perdurar hasta el mismo Siglo XX, con las persecuciones religiosas de la época. En ese azaroso camino, va a cobrar especial relevancia el Cristianismo bajo la dominación árabe. .

       Este periplo nos va a traer la memoria de ejemplares hijos de la Iglesia que, con la firmeza y el vigor de sus creencias, van a dejarse la vida antes que rengar de su Fe: en medio de una Córdoba que se erige en la Capital del Califato Omeya perviven las comunidades cristianas a pesar de todos los impedimentos y trabas que se les interponen.

       Y es que, la famosa y extendida creencia de una convivencia pacífica entre las culturas y religiones musulmana, hebrea y cristiana es más una quimera que una realidad… Pocos son los emires y califas que pueden tildarse de condescendencia  parar con otros credos…

      En la Córdoba Omeya, hállase prohibido el rezo en lugar público si no es el islámico; condenado a muerte sin solución será el apóstata de la religión musulmana que se adhiera a nuestro credo; impensable se ha tornado la posibilidad de que un cristiano pueda conversar con un árabe sobre cuestiones de fe… En la vieja Córdoba que fuera cuna de Osio, ya no suenan las campanas de las iglesias…. Tan sólo se escuchan las que Almanzor trajera de Santiago de Compostela, a hombros de esclavos cristianos…

      Pero su eco no será fruto del golpear de sus badajos… En Córdoba, sólo suenan por el murmullo de asombro entre los habitantes, que con su llegada conocen el flamante triunfo que representan…

      Sin embargo, la Fe de los cristianos cordobeses es recia y permanece viva. No en balde, la máxima autoridad entre los cristianos sometidos al Islam en sus territorios, la cabeza de los mozárabes, intitulado Conde de Al-Andalus, no es otro que aquél que se halla al frente de la comunidad cristiana de Córdoba. Gran paradoja esta:

      La Capital del Califato Omeya, impregnada de la Fe y la Cultura árabe, va a albergar en su seno a la cabeza del cristianismo resistente… Así, también nuestra ciudad, puede presumir de haber sido la forja, en este período de la Historia, de una de las mayores y más bizarras glorias del Cristianismo: Eulogio.

      Erigido como Campeón de la Fe, y habiéndosele designado para ocupar el Primado de España en Toledo, poco antes de asumir tal dignidad, entregaría su vida ejemplarmente, junto a otros muchos mozárabes, allá por el Siglo IX, sosteniendo y confirmando en la Verdad a sus hermanos, y manteniéndose en ella antes que renegar…

      Sin duda, queridos hermanos, todos estos eran designios de Dios para una tierra a la que nunca va a dejar de Su mano…

 

CONQUISTADORA PARA LA FE

 

      Viniste Tú, Purísima Virgen Inmaculada, a contemplar con la claridad de Tu mirada como se derrumbaba haciéndose añicos esta tribulación que azotaba a la Córdoba cristiana.

      Por traición de unos almogávares regresaría de nuevo a la Cristiandad, del mismo modo en que, por traición, había sido entregada Córdoba al Islam en el pasado…

      Corría el Año 712. Las huestes de la morisma  se habían instalado frente a la ciudad, sabedoras de que mínima era la  defensa que en ella se encontraba. Los más sobresalientes nobles y caballeros habían huido a Toledo ante la llegada de los feroces guerreros. Al poco, propuesta la rendición, el Gobernador godo, en un último gesto de valentía se negó a aceptarla.

      Tristemente contemplabas, Madre, cómo acechaban aquellas negras tropas, venidas de las profundidades, en una tensa vigilancia, mientras los atemorizados habitantes de la ciudad sospechaban su próximo fin…

     Fue obra de la traición la entrega de Córdoba al Islam: un labriego, en una oscura noche, guiaba a los muslimes hasta un rincón, próximo a la Puerta del puente, que se hallaba desasistido.

     Por allí, por aquella descuidada grieta de la vigilancia cristiana, se abrieron las puertas a los hijos del desierto, que por sorpresa y en salvaje avasallamiento, pasaron a cuchillo a cuantos hallaron en su camino, y exterminaron sin compasión y sin dar cuartel a los habitantes de la urbe…

     Tan sólo unos cuantos guerreros, junto al Gobernador, pudieron hacerse fuertes en la Iglesia de San Acisclo. Al ver su resistencia y firmeza, los musulmanes acabaron con su vida prendiendo fuego al templo..

     Así entraba Córdoba en la Historia del Islam. Pasarían  siglos en los que la ciudad se viera elevada cada vez más para alcanzar al mayor rango y belleza soñado: la Roma de  los musulmanes se llegó a decir que fue, en tiempos de los Califas. Ciertamente, el esplendor de los Omeyas la hizo brillar como ciudad alguna no había soñado…

     Y por ello, era también un sueño de la Cristiandad arrebatar a los islamitas aquella urbe que, si ellos habían llevado a la gloria, ya anteriormente se vio altamente dignificada con ser capital de la Bética en los tiempos de la Roma imperial, y ciudad principal con los visigodos. Recuperarla, sería golpe mortal en el ánimo de los invasores…

     A ello se aprestaron los caballeros cristianos asentados en las tierras de Andujar, en cuanto supieron que era posible: un grupo de almogávares, hastiados por el desprecio y los abusos a que el Rey tenía sometido al pueblo de Córdoba, se aproximaron a las huestes cristianas de la frontera.

     Prometieron enseñar el camino seguro para entrar en la ciudad y se aliaron con el enemigo para abrirle paso. No tardaron los cristianos en tomar nota de cuánto se ofrecía, y comprobaron la veracidad de las informaciones.

     Desde el silencio, Madre Conquistadora, y aún cuando aún no habías llegado a Tu morada, pudiste verlo…

     Fue una fría noche del mes de Enero del Año de 1236, el mismo en que Tú, Madre de Linares, te asentarías a las faldas de Sierra Morena. Arrojados y valerosos caballeros, Alvar Colodro y Benito de Baños, encabezaban el grupo de los que acechaban las murallas de la ciudad.

    En medio de la oscuridad y la lluvia, llega el racimo de los atrevidos cristianos a una de las principales torres de vigilancia, y con escalas y cuerdas, ascienden a una torre. Allí hallánse algunos musulmanes dormidos. Rápida y sigilosa fue la toma de aquella entrada de la ciudad...

    Enfrente, en silencio, el que fuese hogar y casa de Acisclo y Victoria, aquellos niños que, reconocidos como Patronos de la ciudad, prefiriesen entregar su vida entre bárbaros tormentos antes que renegar de su Credo ante al paganismo romano…

    Parece como si ellos, con la tragedia de tantos siglos bajo el yugo musulmán, ahora hubiesen obrado un nuevo milagro, abriendo las puertas de  Córdoba a la Fe cristiana…

    Al cabo, en aquella noche fría y lluviosa que mencionamos, resonaban a lo largo de la muralla pasos veloces y metálicos bajo un manto de oscuridad, que apenas dejaba ver la sombra de una de una hueste que se extendía por doquier entre los torreones de la ciudad..

    Sus armas, en un claroscuro que dejaban los nubarrones de la noche, brillaban fugazmente, sembrando así una estela de pánico en los islamitas, que se iba vertiendo como una mancha de aceite,  por toda la muralla de la Axerquía…

    Torre por torre, almena por almena, sorprendiendo a una morisma que en desbandada huía hacia le Medina, la Cruz había entrado de nuevo para asentarse en la otrora ciudad de los califas…

    Avisado al poco el Rey Fernando de lo acontecido, hallando su campo en la leonesa y noble tierra de Benavente, que de su padre el Noveno Rey Don Alfonso heredara, no tardó en tomar camino a Córdoba para socorrer y auxiliar a los esforzados cristianos que ya habían asentado sus fuerzas en la Axerquía y ponían cerco a la Medina…

    Al paso del Rey por los campos de la Península, se engrosaban sus mesnadas, pero no era sin embargo suficiente para lo que un Rey prudente consideraba preciso.

    Enhiesto sobre su cabalgadura, sin dar muestras de duda, el noble Soberano se encomienda día tras día al Altísimo y a Su bienamada Madre, para arrojar a la media luna de tan añorada ciudad…

    Apresurado camina el Rey por las tierras de Castilla y León sin desfallecer…Los primeros tramos de la empresa se han visto mermados por los temporales, y fríos del Invierno… Duro caminar entre barrizales, riscos, barrancos y ríos…

    Con el paso del calendario, allegados a los campos del Sur, el Sol atempera los días, y el ánimo de los cristianos se va tornando. En el camino, ya cerca de la ciudad a recobrar, Te has incorporado a la hueste del Rey… Esta con Tu presencia, avanza con otro ánimo…

    La voz ronca de los guerreros, la imagen fiera de sus escuadras, el deseo de entrar pronto en combate, tiene ahora una tonalidad distinta con tenerte a Tí entre ellos…

 

    Bajo el sonoro paso de herraduras,  al clarear  la mañana
con el sol estallando con fuerza, sobre plomizos yelmos y corazas,
entre los silbidos del viento, que corre por las tierras llanas,
camina dulce y silenciosa, la más bella Soberana...

 

    A lomos de un brioso corcel, vas entronizada
Virgen de Linares, por sobrenombre llamada,
Tú, Protectora y silente, Reina y  Madre coronada...
Traes ánimo y templanza, a la aguerrida hueste abigarrada,
al  par que sosiego y equilibrio para una noble alma entregada

 

    Es la del Santo Rey Don Fernando, prudente, piadosa y brava
que, cabalgando sin cesar en esta  ya larga y dura cruzada,
en Ti pone cada noche su oración, y su más alta confianza…

 

    Así, jornada a jornada, dejando atrás la ingratitud del camino,  hallánse ya los cristianos a las proximidades de Córdoba…

    En las estribaciones de Sierra Morena, en un recogido paraje, junto a un arroyo y cerca de un puerto, han avistado una torre de vigía que construyeran para defender sus fronteras los musulmanes.

    Allí va a levantar Fernando el real sitio, procediendo inmediatamente a dar gracias por la llegada. De rodillas sobre el campo de la baja serranía pronuncia el Deo gratias

    Poco a poco se van incorporando nobles y caballeros con sus huestes que acuden al llamado del Monarca, mientras todo son idas venidas y conversaciones sobre la reconquista de la ciudad…

    Allí, bendita Madre, el Rey Santo, conversa contigo día a día, noche a noche,  encomendándose a Tí para hacer ondear la enseña de la Cruz de nuevo en aquella perla del Islam…

    Se alargan las sombras de los árboles, y el arroyo corre silencioso entre hierbas que se secan, mientras languidece una Primavera más en la baja Al-Andalus…

    Apenas corre la brisa en una tarde calurosa, cuándo llegan buenas nuevas que sobresaltan al campamento: el Rey moro de Córdoba, Aben Hud, que desde la vieja Astigi, en donde ha acampado para socorrer a la población, ha conocido la posición de Fernando, renuncia a defender la ciudad y se encamina a servir al taifa de Valencia…

    Por todo el campamento corre celebrada la voz ¡¡El moro abandona Córdoba a su suerte!!

    Sin pensarlo más, toma determinación el Rey para poner cerco y auxiliar a los bravos cristianos que desde hace meses se han hecho fuertes en la Axerquía… ¡Gloria al valor de quienes llevaron la Cruz a la otrora ciudad de los Omeyas!

    Puesto cerco inmediatamente a la ciudad, por fin, en la Festividad de San Pedro y San Pablo, del Año del Señor de 1236, tras unas generosas Capitulaciones que concediera el Santo Rey,  los musulmanes partían de la que fuera capital del Califato, esplendor de los Omeyas y perla de Occidente.

    Por primera vez en más de quinientos años, en lo más alto de la ciudad, en el minarete de la gran Mezquita, sostenido por Don Juán, Obispo de Osma, y D. Lope de Fitrero, a la postre el Obispo de Córdoba, brilla el glorioso emblema de la Cruz. Detrás, un heraldo del Rey, ascendía peldaño a peldaño, e implantaba junto a aquella, el estandarte de Castilla y León...

    Desde aquél día, en aquél alminar hallaron su lugar ambos emblemas, simbolizando la presencia de la Fe cristiana en Córdoba después de siglos bajo la media luna mahometana…

    Así, daba cumplimiento a uno de sus anhelos, Fernando III, acompañado del ejército cristiano cuándo, tras su entrada triunfal en Córdoba atravesando el Puente de Julio Cesar, se dirigía a la gran Mezquita. Hizo entrada en el portentoso templo, junto a los prelados Don Gonzalo de Cuenca, Don Domingo, de Baeza, Don Adám de Plasencia, y Don Sancho de Coria.

    Una vez allí, Don Juan, Obispo de Osma que representaba a la sazón al Primado de Toledo Don Rodrigo Ximenez de Rada,daba comienzo al deseado ritual:

    Esparciendo la ceniza en el suelo daba trazo al Alfa y Omega con el extremo de su báculo, claro símbolo de Cristo, y al tiempo iba pronunciando la fórmula sagrada de la Liturgia…

    Después, se extendía el agua bendita por todo alrededor del edificio, y finalmente llegaba el dulce olor del incienso a todos los extremos del magnífico recinto, que así, quedaba  consagrado como templo cristiano, en propiedad de la Iglesia, y ya bajo el nombre de Iglesia Mayor de Santa María.

    Tú nombre, Purísima Virgen, inscrito en el del Templo Mayor, vuelve a escucharse a la luz del día, entre el repicar de campanas a gloria…

    La comunidad de los mozárabes, que resistía con ardor y valentía en medio de los islamitas, lloraba de gozo, del mismo modo en que los caballeros que pusieron cerco a la ciudad desde aquél frío Enero, se sintieron embargados de gratitud por la pronta respuesta del Santo Rey Don Fernando a su llamamiento… Como en los campos de batalla, en la celebración por las calles se escucharon las voces arrebatadas de los cristianos ¡¡ Dios ayuda!! ¡¡Dios ayuda!!

    Ya en el Año del Señor de 1239, la Iglesia Mayor se erigía en Catedral de Córdoba, encomendándose al nombre del Dogma de la Asunción de Nuestra Señora…

    Hoy, queridos hermanos, celebramos felizmente en nuestra ciudad los 775 años de tan magno acontecimiento… Y lo hacemos con la esperanza y el deseo de que para siempre, sea ese templo en donde tenga su sede la Silla Episcopal de Osio…

¡¡Santa María de la Asunción, Iglesia Catedral de Córdoba, por los siglos de los siglos!!

    Pero la toma de la ciudad por la enseña de la Cruz, bien lo sabes, Virgen de Linares, ha sido posible sin derramar sangre alguna.

    Y ello, por Tu inspiración en el magnánimo corazón de aquél noble Rey al que quisiste destinar tan grande empresa…

    Que si por Ti no fuera la victoria alcanzada
    si Tu dulzura en la ocasión no hubiera sido invocada
    ríos de sangre correrían en venganza asegurada
    y no existiría piedad para la enemiga mesnada

    Pero fuera tu purísimo corazón inmaculado
    de amor y condescendencia siempre cargado
    el que a este singular Rey tuvo cautivado

    Quién al saber que la ciudad desde años soñada,
    asumía triste y sin armas que oponer su a  rendición,
    sabiendo que el abandono de su Rey en la larga acampada,
    habían sumido en hambre, desgracia y tristeza a su población,

    ya brillando en lo más alto de la urbe, la Cruz de la Redención
    permitió el noble Soberano al enemigo salir, sin arrastrar
    para su magnánima conciencia, una sola muerte que recordar
    y dejándoles los bienes, que los muslimes pudieran consigo llevar,
    concedioles ir a tierras lejanas en las que tan gran pérdida llorar,

   No sin razón, en su caminar, apesadumbrados, van musitando los islamitas: Restitúyanosla un día Alá…

   Ciertamente, como cantara un poeta, Poco es para una ciudad como Córdoba que la lloren con lágrimas inacabadas…

   Asegurada la urbe, regresa el Rey a la Atalaya en donde antes de la conquista te ha depositado y cae de bruces en acción de gracias.  Después, pleno de gratitud manda levantar ese Santuario  que los cordobeses llevamos en lo más profundo de nuestro sentimiento, y que es una de nuestras mayores gloria. Ese santuario al que, peregrinos y romeros acudimos y acudiremos por los caminos a honrarte con nuestra mayor veneración…

 

¡Virgen conquistadora, Madre protectora, guardiana de la Fe y Refugio de la Córdoba creyente!

   Gran júbilo hay en los reinos de Hispania, por recobrar la noble ciudad patricia, capital de la Bética, cabeza de Andalucía y Capital del Califato. Hasta Roma llegan las nuevas, y la Cristiandad entera participó del regocijo de los hispanos. El mismo Papa Gregorio IX con elevado alborozo, rubricaba una bula de felicitación para el Rey y para las tropas que habían arrancado del yugo mahometano la patria del eminente Osio y del confesor Eulogio, la católica Córdoba

 

 

PURISIMA CONCEPCION INMACULADA

 

 

   Sonriente, has contemplado todo lo acontecido allá en Tu trono en el silencio de la serranía… Y es que, Tus obras siempre se realizan entre el gozo y el silencio… Parece que pensaba en Ti Francisco de Sales, cuándo afirmara: “El ruido no hace bien, y el bien no hace ruido.”

   Pero en realidad, ¿Quién eres Tú, a la que conocen el pueblo y los valerosos guerreros como Virgen de Linares? ¿Porqué te llaman así y cuál es Tu advocación?

   No es unívoca la raíz de esta nominación que popularmente llega a nuestros oídos. Cuenta una tradición, que fuiste señalada y recogida por el Santo Rey a su paso por la villa que lleva Tu nombre, cuando se encaminaba a tomar la ciudad de Córdoba…

   Otra, nos lleva al apellido del párroco que Te entregara a San Fernando para que Le acompañaras en la empresa… No falta la que tiene su origen en el lugar en que te asientas, próximo a campos de lino que allí, en medio de la paz del campo crece…

   Pero de lo que sí tenemos certeza es de que Tú, eres la Purísima Concepción. La Inmaculada Virgen María que tanto amor concita en nuestra querida tierra…

   Es éste un título que Tú, y sólo Tú puedes llevar. Y aún cuándo el Dogma definido es reciente, tenemos que recordar que ya en siglos pasados se asumía y afirmaba que habías sido Sin pecado Concebida… No fue fácil sin embargo  para el género humano llegar a discernir y proclamarlo, pero hubo siempre corazones ardientes que con empeño, se extenuaron en hacer llegar el momento soñado. Hagamos memoria en el tiempo…

   Era como la hora nona de un Viernes de Nissán, allá en Jerusalem, capital de Judea. A las afueras de la ciudad en una roca que llaman Calvario – Golgotha en Griego – torturado hasta la extenuación, cubierto de llagas y sangre, y coronado de espinas, un joven galileo agoniza en una Cruz a la que terribles clavos lo tienen cosido:

   Junto a la cruz de Jesús estaban su Madre, la hermana de su Madre, María, la de Cleofás, y María, La Magdalena. Jesús, al ver a su Madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su Madre:  

   « Mujer, ahí, tienes a tu hijo ». Luego dijo al discípulo: Ahí tienes a tu Madre., Y desde aquella hora, el discipulo la recibió en su casa"  (Jn 19,25-27. )

   Al poco de la muerte del Galileo, llegarían las revueltas de los judíos frente al Imperio romano, y la intervención de éste tratando de aplastar aquellas. En medio, los seguidores del Nazareno, que practicaban una abstención en los alzamientos militares de los judíos, trataban de extender el mensaje del amor hacia todos los hombres, sin ceder en la creencia en el Dios verdadero…

   Llegada la devastación de Jerusalém, los discípulos entendieron que era la hora de cumplir el mandato de Cristo: Id y predicad el Evangelio al mundo entero…

   Juán, el discípulo amado, va a tomar consigo a María para recorrer distintos lugares de Oriente medio. No sabemos la fecha ni el sitio en que María fue Asunta al Cielo. Unas tradiciones nos llevan a Jerusalém, otras a Efeso.

   Pero sí sabemos que fue ésta última la ciudad que vio cerrar por última vez los ojos al Apóstol más joven y querido, quién ya anciano, se emocionaría con el recuerdo de haber vivido con el mismo Dios hecho Hombre, y haber recibido la encomienda de cuidar y hacer suya a la Madre… 

   ¡Qué recuerdos los de Juán en aquellos amoratados y rojizos atardeceres del luminoso Mediterráneo, frente a las tranquilas aguas del Mare Nostrum, en estos sus últimos días, antes de entregar su alma…!

   Allí, vivió María con él, y compartieron dulces conversaciones y recuerdos que serían el contenido de sus vidas, unas vidas que marcarían la impronta de cuantos los conocieron y trataron…Quizá sea por eso, que quedara honda huella de Su presencia en la ciudad…

   Hasta tal punto que quiso la Iglesia celebrar uno de sus primeras y más notables asambleas en esta ciudad medio oriental: el Concilio de Efeso.

   Fue allá por el año 431, cuándo aún pervivía el Imperio romano, que se distinguía hacía años por haber abrazado la Cruz… Brotaban con fuerza las disputas y herejías en éstos primeros tiempos del Cristianismo, especialmente las referentes a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y era urgente corregirlas e ir perfilando la Ortodoxia.

   Aprestándose a ello se celebraba el mencionado Concilio de Efeso, contra la herejía nestoriana, y en concreto a confirmar la presencia de las dos naturalezas divina y humana, en la Persona de Nuestro Señor Jesucristo. Era inevitable aludir a Quien tuviera el privilegio y la gloria de llevarlo en Su seno… Fue entonces cuándo en tal alusión, parece que por primera vez en un Concilio, se mencionaba Tu altísimo privilegio: Inmaculata Virgo María…

   Se tomaba así aquella definición de San Jerónimo, el abnegado traductor de la Biblia al Latín, quién se refería a Ti, bendita Virgen, con tanta sabiduría como amor:

   “Por eso es Inmaculada, porque nunca fue corrompida” 

   Se asentaba la creencia, y el pueblo, con la intuición natural que le es propia, gozaba con Tu reconocimiento. Sin embargo, para los estudiosos era difícil de asumir en plenitud esta santa doctrina. No encajaba en sus abigarrados estudios teológicos y brotaban las controversias y dudas…

   La cuestión se centraba en saber cuándo habías quedado limpia de toda mácula… El acalorado debate llegaba ya en el Siglo XIII a la más alta institución de la Cristiandad medieval, la Universidad de París.

   Participaban los más altos intelectuales, y así San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino pasaban horas y horas reflexionando y estudiando las Escrituras sin llegar a una solución nítida y que a todos contentara.

   Llegaría el final de la controversia teológica de la mano de un pensador enamorado de María, Juan Duns Escoto.

   Acuñó el célebre Doctor de la Inmaculada una fórmula cargada de lógica que ha llegado a nuestros días y nos permite saber el porqué, en nuestro limitado horizonte humano:

   - Para Dios era mejor que su Madre fuera Inmaculada: o sea sin mancha del pecado original.

   - Dios podía hacer que su Madre naciera Inmaculada: sin mancha

   - Por lo tanto: Dios hizo que María naciera sin mancha del pecado original. Porque Dios cuando sabe que algo es mejor hacerlo, lo hace.

   La falta de ésta certeza teológica había servido además para no conceder aún una fecha oficial para la Fiesta, y hasta el místico San Bernardo, llamaba la atención a la Iglesia de Lyón por celebrarla sin la autorización debida.

   No era que aquél santo no creyera en la Verdad soñada, sino que su celo por la obediencia a Roma le llevaba a tales conductas… Muchas eran sin embargo las  diócesis que iban celebrando la Festividad… Y ello lo desconocía el bueno de Bernardo

   Por fin, el papa Sixto IV, en 1478, mediante dos bulas instituía como fiesta de la Inmaculada Concepción para la Cristiandad el día 8 de Diciembre. Y a ambas bulas acompañaba en su final un himno que había compuesto el mismo San Bernardo como signo de creencia personal firme en Tu Purísima Concepción:

   Salve del mar Estrella
   de Dios Madre sagrada
   y siempre Virgen pura
   Puerta del Cielo Santa
   Pues de Gabriel oíste
   el Ave, o Virgen sacra,
   en el mudando el de Eva
   da paz a nuestras almas
    A los ciegos da vista,
   las prisiones desata,
   destierra nuestros males,
   nuestros bienes alcanza
   Muéstrate Madre nuestra,
   y lleguen Tus plegarias
   al que por redimirnos
   nació de Tus entrañas
    Virgen que igual no tienes,
   la más dulce entre tantas,
   libra el alma de culpas
   hazla pura y mansa
   Renueva nuestra vida,
   el camino prepara
   y así a Jesús veamos
   alegres en la Patria
   Rindamos a Dios Padre
   y a Cristo Su alabanza
   y al Espíritu Santo
   una a las tres sea dada:

   El triunfo más importante de la defensa de Tu Inmaculada Concepción, previo al Dogma definido, llegaría de la mano de aquél trascendental acontecimiento de la Historia que fuera el Concilio de Trento.  En su decreto sobre el pecado original Te declaraba plena y totalmente excluida, todo un triunfo este que fuera celebrado con sumo gozo por la Cristiandad universal…

   No fue sin embargo asumido por todos, y a lo largo del tiempo se suscitarían nuevas controversias, pero había quienes se negaban aún a asumir la Doctrina. Así, en nuestra misma Andalucía, en la próxima ciudad de Sevilla, el 8 de Septiembre de 1613, fue célebre cómo el padre Molina, prior de los dominicos del Convento de Regina se atrevió a afirmar que la Virgen María no había sido concebida sin pecado original.

   El pueblo, mariano como lo es el de toda Andalucía, se enardeció, y se organizaban jornadas de desbordante fervor mariano; se veían procesiones de desagravio, y largos cortejos de fieles precedidos por un estandarte con la efigie de María Virgen y se escucharon coplas como ésta:

   "Aunque no lo quiera Molina,
   ni los frailes de Regina,
   ni su padre provincial...
   Todo el mundo en general
   diga que sois concebida
   sin pecado original
"

   Era esta una muestra más de cómo el pueblo sencillo no entraba en esa atmósfera intelectual y desde su atalaya de la nobleza de corazón, intuía lo que la mente ofuscada por la Ciencia no acertaba a comprender…

   Ciertamente, la Fiesta era celebrada por los habitantes de manera natural, como algo propio desde hacía Siglos: se sabe que se hacía en Santiago de Compostela desde 1273, en nuestra Córdoba desde 1350 y en Sevilla desde 1369, pero persistían quienes se negaban a asumir las claras y lúcidas palabras de Trento.

   No habían faltado las disputas teológicas, pero pervivía la creencia en el corazón del pueblo…

   Finalmente, llegaría la hora definitiva de Tu gloria y el reconocimiento de la Verdad: la definición del Dogma tuvo lugar ocupando Pío IX la Cátedra de San Pedro, el 8 de Diciembre de 1854.  Era un día de cielo azul intenso, como el manto de María, cuando resonaban estas palabras:

   “Declaramos, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y de consiguiente, qué debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles, la doctrina que sostiene que la santísima Virgen María fue  preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano.”

   La Festividad en que celebramos solemnemente este Dogma es así la del 8 de Diciembre, día glorioso y grande para la Cristiandad, pero especialmente en nuestra Patria, por cuánto esta Verdad de Fe ha sido muy especial para nosotros a lo largo de los Siglos…

   Así, soberanos y príncipes se han puesto especialmente a Tus pies:

   Juan I de Aragón hizo consagración de su persona y de su Reino, con una declaración en favor de la Inmaculada Concepción. La gran Soberana de Castilla Isabel la Católica hizo defensa y juró fidelidad a la Concepción Inmaculada de María el 18 de Noviembre de 1477, dejándolo por escrito en un albalá que se custodia en el Monasterio de Guadalupe.

   La Monarquía española ha permanecido fiel a ello y ha pertenecido a la Orden de la Inmaculada Concepción desde que en 1484 la fundase Doña Beatriz de Silva. Felipe IV conseguía del Papa, en 1644, que en España fuese Fiesta solemne el 8 de Diciembre.

   Y Carlos III solicitó, y obtuvo de Clemente XIII para España, el privilegio de tomar a la Inmaculada Concepción como Patrona de España y sus dominios, lo que fue celebrado con gran júbilo por las Cofradías y el Pueblo durante largo tiempo.

   Las manifestaciones artísticas a lo largo de la Historia son infinitas, y en Andalucía, Tierra de María Santísima, llevan la rúbrica del mismo Juán Martínez Montañés, genio y admiración de su tiempo apodado el “dios de la madera”; la de nuestro Juan de Mesa, insuperable gubia mantenida en un silencio por el que ha llorado el Arte, y del que recientemente ha sido rescatado, y cobran especial personalidad y vida las que nacen de la inspiración de aquél discípulo granadino de Montañes, el genial inmaculista Alonso Cano...

   Las poesías se cuentan por miles a esta bendita advocación, y en nuestra tierra, el mismo poeta y sacerdote, Don Luis de Gongora te cantaría con su peculiar estilo literario. También los lienzos recogen el Dogma en su esplendor, quedando inmortalizado con ello el pincel de Bartolomé Esteban Murillo...

   Pero ya antes de éste período del Barroco, la Inmaculada Concepción se había representado de muy diversas maneras: el Arbol de Jessé, recordando la Realeza de María y de Cristo descendientes de David; el abrazo de San Joaquín y Santa Ana, abrazo que los padres de María se dieran tras recibir la noticia de Gabriel de que serían padres, y que fue el castísimo origen de Nuestra Madre; con Santa Ana que sostiene a la Virgen abrazada al Niño.

   Y Tú, en una manifestaión diversa, nacida en los tiempos del Medioevo, eras clara expresión del mismo Dogma, serenamente majestuosa y entronizada en la gran Verdad que proclamas… Purísima Concepción de Linares… Quizá la representación más antigua que tenemos en Córdoba de Tu condición Inmaculada.

 

¡CORONADA!

 

   Mientras todo lo anterior ocurría, mientras en torno a Ti y a Tu Inmaculada Concepción giraban tantos y tantos acontecimientos a lo largo de todos los siglos, Tú permanecías en silencio, sonriendo, aguardando a cuántos acudían a verte en Tu singular, bellísimo y entrañable paraje cordobés, lejano a las diatribas intelectuales y cargado de paz… Allí llegaban ya por doquier los hombres de buena voluntad y los cordobeses que, con la sabiduría que nace del corazón enamorado de Ti, Te sabían Inmaculada desde el primer instante.

   Su presencia a Tus purísimas plantas, en recogido silencio, traía como mensaje la gratitud por haber devuelto Córdoba a la Fe cristiana, y la petición de que aquella perseverase en ella bajo Tu atenta mirada…

   Y Tú, mientras, gozabas con la fe de los sencillos, con la gratitud del corazón abierto y noble de cuántos te saludaban al amanecer o llegado ya el crepúsculo… Sabías que la razón humana, limitada y parca, no tenía más remedio que llegar a la Verdad guiada por los buenos sentimientos, y la luz de Tu Hijo que iba abriendo camino en el devenir del tiempo. Y así fue, como no podía ser de otra manera…

   Tan larga y alta devoción, nacida del cariño sencillo, bueno y fervoroso, silente y al tiempo vivo y manifiesto, alcanzaría su más alta expresión en una mañana de Mayo… No podía ser de otra manera. Si Córdoba quiere celebrar algo importante, lo hace en ese mes que lo es todo para sí misma… Y es al tiempo ese mes que todos Te dedicamos…

   Primero, arribaste a la entrada de Córdoba, y como en los tiempos de la Conquista, quedaste a sus puertas, en San Antonio, en donde se te rindió solemne Triduo, como tributo de bienvenida….

   De allí, a San Lorenzo, Iglesia que de entre las que ordenara levantar el Santo Rey, destaca por su singular belleza. Gozosa Vigilia para la celebración siguiente… Al amanecer, los rayos de sol atravesaban el rosetón gótico, y acariciaban Tu rostro, que en silencio aguardaba sereno, sabiendo próximo el traslado al primer Templo de la ciudad…

   ¡Y allí la explosión de júbilo de los cordobeses! Córdoba a Tus pies, reconociéndote, Virgen de Linares, con la más alta distinción que se conoce ¡¡Coronada!! .

   Todos los corazones a una, la atmósfera empapada de Tu virginal triunfo, y entonaban en el Cielo sus himnos los ángeles y querubines…

   La Primavera de esta noble ciudad, transformada en ofrenda a Tus plantas aquella mañana de un memorable 15 de Mayo…

   Y hasta aquellas campanas que Almanzor trajera de Santiago, y que a la ciudad del Apóstol devolviera San Fernando, repicaron a gloria con sus hermanas, las de la Catedral cordobesa, ya por siempre cristiana…

 

   TU ROMERIA…

   Pero no vive Córdoba sólo de recuerdos ni de momentos únicos o festividades solemnes... En su corazón te celebra año a año, con su visita, como la de aquellos peregrinos que iban a verte a lo largo de los siglos...

   Es cuándo más bella está la ciudad, cuando siente que su alma se aviva singularmente, cuándo estalla en flor en su esplendorosa Primavera…

   Todos los años, al amanecer de un Domingo de la Estación más bella, una larga comitiva se encamina hacia las faldas de Sierra Morena con el corazón embargado por el fervor mariano…

   Su destino, una vieja atalaya musulmana reconstruida y convertida en relicario para Tí, por disposición de aquél buen Rey....

   En el ánimo de los romeros, volver a contemplarte… Un momento único para ellos que aguardan hacerlo año tras año… Será entonces cuándo entonando la Salve se quiebren sus voces y hasta brote el brillo en sus pupilas por la emoción… Pero no será puro folklore y sentimiento superficial, no… Porque esto, queridos hermanos queda para quienes no saben qué es ser romero… Recordemos, hermanos, las raíces de quienes caminan por su fe…

   Eran peregrinos los que caminaban a los más lejanos confines, y así se llama a quienes recorren el Camino de Santiago, esa vía que fue trascendental en la construcción de Europa… Con la aparición del Sepulcro del Apóstol, los habitantes del viejo solar europeo se ponían en marcha para ir al último confín, en Compostela, cerca ya de Finis Térrea…

   Palmeros son, queridos hermanos, aquellos que se encaminan a la Ciudad Tres veces Santa, Jerusalém, que les ofrece a su despedida  aquellas palmas que nos traen a la memoria el Domingo de Ramos…

   Y romeros, son aquellos que con auténtico espíritu de fe,  se dirigen a la Ciudad Eterna, para recorrer las principales basílicas, dar testimonio ante la memoria de los Mártires y sobre todo, a orar ante el Sepulcro de Pedro, manifestando su comunión con la Cabeza de la Cristiandad, como hicieran los primeros cristianos.

   Hoy día estas expresiones se utilizan indistintamente para designar a quienes caminan. Pero en la de romeros hay algo que la diferencia Es ese aire de alegría y esperanza, sin perder su origen esto es, siempre bajo las alas del Espíritu Santo y obedientes y en segura comunión con la Cabeza de la Cristiandad que está en Roma……

   Así, en vuestro caminar, queridos romeros y romeras,  debe haber y estoy seguro de que hay, mucho más que unos sentimientos y una alegría que pudieran ser pasajeros:

   Con vosotros, al testimoniar hoy, en tiempos como los que vivimos, y a la luz del día, el amor firme que sentís hacia la Madre de Dios, se trasluce el valor de aquellos que se atrevieron a desafiar la vigilancia de la vieja ciudad árabe, para su asedio de la Axerquía.

   En el anhelo arde el mismo deseo y la misma fe, que albergaban quienes, para recuperar Córdoba, vinieron atravesando los reinos desde las lejanas tierras leonesas, cruzando ríos, lodazales y sierras, soportando fríos y temporales...

   En el corazón, y para toda la vida, aún cuando en muchas ocasiones es difícil tarea, debe anidar aquél deseo que llevó a no derramar una  gota de sangre en la ciudad a su conquista, sabiendo que el perdón, aún teniendo la supremacía y la razón, es gesto humano que a Dios nos asemeja…

   En el ánimo, la misma esperanza que nunca perdiera el Rey Santo y que hasta Córdoba, para cumplir un sueño, le trajera desde el confín de sus reinos…

   En la mente, aquella entrega de los venerables doctores, que si entre sí disputaron y debatieron, fuera por hallar el modo en que explicar mejor a los hombres la Gloria de María. 

   Y también su humildad y obediencia, porque aún siendo sabios y doctos, se consideraban limitados, y admitieron lo prescrito por la Santa Madre Iglesia; y obedientes, se atuvieron a ello, y hoy gozan en presencia de aquella Verdad….

   En el gesto, el alborozo y la alegría como la de quienes supieron recobrada la ciudad al yugo musulmán, y en acción de gracias, gritaban ¡Dios ayuda!, porque tenemos la certeza de que la ayuda llega siempre, y de ella eres Tú mediadora…

   Y sobre todo,  ese caminar de los hombres sencillos por el cauce de la Fe… Ese ir y venir a María como tantas y tantas generaciones de hombres y mujeres, que seguros de la Purísima Concepción que Dios Te regalara,  transitaban hacia Tu Santuario por iniciativa de un corazón al que Tú llamabas dulcemente…

   Esa es la verdadera Romería de Linares: la de la Fe, la del valor ejemplar cristiano, la del perdón hacia los hermanos, la de la esperanza nunca perdida, la de los que con sencillez y alegría caminan por la vida… ¡Porque Te tenemos a Ti!.

   Así, cobran todo su sentido las incomodidades del camino, las dificultades en él, y tienen toda su plenitud y vida aquellos cantares que te dedicara el inolvidable Ramón Medina…

   Y quizá suenen entre medias aquellas coplillas que, por encima de prohibiciones de fiesta, en tono irónico y jocoso, llevaban al pueblo a proclamar por las calles Tu Inmaculada Concepción…

   Así, la belleza de las cordobesas, se torna mucho más elevada. Porque si Córdoba puede presumir como ninguna de haber dado las mujeres más bellas, cuándo en éstas florece el ser más profundo de auténticas romeras, engrandecen esa condición con la nobleza, y se asemejan más a Tí…

   Y si de todos esperamos que vivan con esa intensidad y fervor su espíritu, para ellas hay algo especialmente querido por Ti, y valorado por los hombres:

   No son sólo esos ojos y esa mirada serena lo que de ellas se admira… No es solo el talle de la cintura, y su gracia personal lo que se convierte en motivo de piropo… Es, y lo es sobre todo, el saberlas tocadas por Dios para compartir el secreto de transmitir la vida…

   Y esa privilegiada razón de su encanto, quiere Tu corazón, bendita Madre, que sea vivida imitando esa virtud de Tu pureza...

 

   EPILOGO

   Hoy, romeros y romeras, quien os dirige la palabra siente una especial gratitud y quizá por ello, se atreve a revelar un pequeño secreto que guarda en su interior: conocida es su pertenencia y devoción al Santísimo Cristo de la Buena Muerte y a Nuestra Señora Reina de los Mártires. Junto a él los siente día a día en el caminar de la vida…

   También tienen un lugar especial, y ya lo ha hecho constatar, San Alvaro de Córdoba y el Crucificado de Escala Coeli.

   Son muy pocos, sin embargo, los que saben que año tras año acude a ver a Nuestra Señora de Linares en un día muy especial, en una mañana tranquila, cuándo la ciudad duerme, para rezar su romería en el mes de la Virgen.

   Sí, hermanos, pocos lo saben… Quizá la guardesa del Santuario, que sonriente le reconoce y abre las puertas, y algún íntimo, nada más. Y por ello cuándo le concedieron la honra de pregonar la gloria de María en Linares, supo que la razón estaba sin duda en esa pequeña devoción que intensamente se encuentra enraizada en él, una devoción escondida, callada, de esas que enseñan nuestras madres cuando somos pequeños y que, conservadas en nuestro corazón, tanto gustan a la Madre de Dios...

   El pregonero se acerca así ver a la Virgen todos los años, y lo hace en una mañana en que viene a la memoria un acontecimiento muy entrañable y singular:

   “Viendo que se acercaba su muerte, el Santo Rey tomó los últimos Sacramentos de manos del Obispo de Segovia con gran devoción.

   Antes de comulgar se postró en tierra con un crucifijo entre la manos sobre un montón de cenizas (como haría años después para morir su primo San Luis), y se colocó una soga al cuello, dando muestras de gran arrepentimiento por sus pecados. Pidió además perdón a los circunstantes por los agravios que hubiera podido causarles, a lo que estos respondieron que sólo mercedes habían recibido. Hizo retirar de la sala todos los adornos y las insignias que pudieran recordar su calidad de rey o sus victorias, queriéndose así desprender  simbólicamente de todo ante el poder igualador de la muerte.

   Se despidió de su esposa y de sus hijos dándoles algunos consejos, especialmente al infante don Alfonso, que pronto reinaría con el título de Alfonso X y el sobrenombre popular de “el Sabio”. El rey, después pidió con gozo que le encendiesen una vela en representación del Espíritu Santo.

   Sus últimas palabras aludieron a que desnudo había nacido y desnudo se ofrecía a la tierra. Pidió a los presentes entonar el Te Deum y en el segundo versículo, entre los rezos y cantos religiosos de quienes le acompañaban, entregó su alma. Era la madrugada del 30 de mayo de 1252.”

   Es la víspera del último día de Mayo, ese día en que la Iglesia celebra Tu Coronación como Reina de toda la Creación… Parece como si hubieras querido que cada año, en lugar preferente, asistiera este noble vasallo tuyo…

   En esa memorable mañana del día de San Fernando, cada año el pregonero toma el camino del Santuario de la Virgen de Linares, y goza tranquilo a su paso con el verde del campo, salpicado de las amapolas, con los tonos amarillentos y verdosos de las hojas de los árboles, con el agua que corre cristalina…

   Es, sin duda, una íntima y gozosa fecha para ir a contemplar y rezar ante la Virgen Conquistadora. Pero este año será especial...

   Como aquella en que los cristianos entraban por la Puerta de Alvar Colodro para ya quedar allí para siempre la Cruz, en una fría noche de Enero, este mismo año, mi padre, que llevaba el nombre del Santo Rey Fernando, se marchaba para cruzar las puertas de la casa del Padre Eterno… De él, de su mano, conocí unos versos, que serán por ello los que te recite, Soberana, al ponerme de rodillas ante Tus purísimas plantas en tal día, con él en la memoria:

   ¡Dios te salve, Inmaculada,
   de la Gracia de Dios favorecida,
   y con todo el poder de Dios creada,
   y con todo el favor de Dios henchida,
   y con todo el amor de Dios amada,
   la sin pecado original nacida
   La sin mácula Virgen coronada!
   Flor de las flores… adorable encanto,
   Gloria del mundo, celestial hechizo…
   ¡Dios no pudo hacer más cuando te hizo!
   ¡Yo no se decir más cuando te canto!
   (José María Gabriel y Galán)

 

   HE DICHO


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