Nuestra pregonera de este año es el
la académica Marisol Salcedo Morilla






 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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PREGÓN de la ROMERÍA de la VIRGEN DE LINARES 2008
por LA ACADÉMICA: Marisol Salcedo Morilla


Entre rezos y cantares
despierta la Serranía
con la hermosa Romería
de la Virgen de Linares.
Todo el campo se hace altares,
se crece la devoción,
y la Pura Concepción,
de manera extraordinaria
recibe nuestra plegaria
que es la que inspira el pregón.

 

Excelentísimas e ilustrísimas autoridades.
Querida Alcaldesa.
Dignísimas representaciones de hermandades y cofradías, peñas y patios.
Romera Mayor y Corte de Honor.
Señoras y señores:

Yo ya sabía, porque nos unen cariño, amistad y mutua admiración, que Francisco Alcalde Moya, iba a pasarse en elogios al presentarme. Pero no creí que tanto. Mala cosa; porque ahora tendré que demostrar lo que ha dicho y no sé si voy a poder. Gracias, por confiar en mí; que no es la primera vez.

Sólo soy una cordobesa enamorada de Córdoba, afortunada por nacer en la familia que ha nacido. He tenido un buen maestro: mi padre. Y ahora, que la Real Hermandad de la Purísima Concepción de Linares, me ha encomendado pregonar su Romería, no tengo más opción que agradecer, acatar la llamada y poner mi voz al servicio de tradiciones, saberes, sentimientos e ilusiones populares.

Un pregón es la publicación y difusión en voz alta de algo que conviene que todas las personas sepan. Así que, por primera providencia, conviene que todas las personas presentes sepan –para que así mismo lo comuniquen a las ausentes- que pasado mañana, domingo 27 de abril, será el primero del triduo en honor de la Virgen de Linares; que el siguiente domingo, 4 de mayo, tendrá lugar la Romería a su Santuario; y que el siguiente, 11 de mayo, es el destinado, por la mañana, a la ofrenda floral a la Virgen y, por la tarde, a la solemne procesión.

De la ofrenda floral quiero hablar en primer lugar. Sea el traje que llevo puesto –rosas rosas y hojas verdes- la primera ofrenda de flores para la Virgen de Linares. Sean también ofrenda para Ella, las flores que las romeras llevan prendidas en el pelo, incluidas las romeras del cartel. Sean ofrenda, las flores que adornan el escenario de este magnífico Salón del Real Círculo de la Amistad, Liceo Artístico y Literario, Medalla de Oro de la Ciudad de Córdoba. Y sea ofrenda p ara la Purísima Concepción de Linares, la conocida letra de la canción dedicada a la Virgen:

 

Venid y vamos todos
con flores a porfía,
con flores a María
que Madre nuestra es.

De nuevo aquí nos tienes
purísima doncella,
más que la luna bella,
postrados a tus pies.

Venimos a ofrecerte
las flores de este suelo
con cuánto amor y anhelo,
Señora, Tú lo ves.

 

Venimos a ofrecerte las flores de este suelo…Cuando yo era chica, el sábado precedente al tercer domingo de triduo, llegaban a mi casa tres ramos de flores: uno grande, para mi madre; otro mediano, para mi hermana; y otro pequeño, para mí. No eran ramos comunes de floristería; eran ramos preparados expresamente para nosotras por las manos delicadas y amorosas de las monjas dominicas del Convento de Santa María de Gracia, hoy desaparecido, que ocupaba el espacio donde actualmente se encuentra la Plaza de Juan Bernier. Eran flores del huerto del Convento: lilas, alhelíes, rosas, lirios de agua, azucenas, claveles y clavellinas, celindas... Eran flores de este suelo, las flores de nuestra tierra, que simbolizaban y expresaban emociones de amor vivo, fidelidad, hermosura, realeza, inocencia, pureza, delicadeza… Los ramos aguardaban hasta el día siguiente, metidos en agua, sobre la consola del pasillo. Por la tarde, para protegerlos de la solanera que entraba por la montera de cristales del patio, las persianas se bajaban hasta el límite; y el pasillo quedaba sumido en una penumbra que disimulaba y ocultaba a los ojos de los mayores mi curioso ir y venir a las flores; llegaba a aprenderlas de memoria, a conocerlas y observar sus cambios. Como en uno de esos documentales en que gracias a los milagros de la fotografía, se puede ver en pocos segundos, lo que en realidad ha tardado días, semanas o meses. A medida que las flores se abrían, su perfume se hacía más intenso, se dispersaba y lo invadía todo… Era como un homenaje anticipado para la Virgen.

Ustedes saben que la memoria olfativa es, incluso, superior a la visual. Por eso siempre guardé en la memoria el olor de aquellos ramos. Y durante muchos años he sido fiel a un perfume porque su olor me los recuerda. Cada vez que me lo pongo, durante un instante brevísimo, se agudizan mis sentidos y puedo ver aquellas flores con nitidez y casi oír el rezo cantado que las monjas de Santa María de Gracia enviaban a la Virgen de Linares...

El círculo –la figura geométrica, no la casa que nos acoge- es símbolo de la unidad, de lo absoluto y de la perfección suprema, porque se encuentra a sí mismo; es el cielo, en contraposición a la tierra; de lo espiritual frente a lo material. En el cristianismo, representa las diferentes jerarquías del espíritu o las diversas etapas de la creación; tres círculos entrelazados simbolizan la Trinidad. También cuando algunos acontecimientos de la vida de una persona se conectan hasta formar un todo completo, se dice que se cierra un círculo. Pues bien, en este pregón se cierran algunos círculos vitales.

Por ejemplo, la Romera Mayor se llama Gloria, o sea, que tiene nombre esplendoroso de resurrección, de persona honorable e ilustre; de dulce de hojaldre y yema; de calor y aplauso; de cielo luminoso lleno de ángeles; de canto y rezo; de satisfacción, gozo y alegría; de repique festivo y de salvación eterna… Gloria es Romera Mayor de una Virgen de Gloria. Un círculo que se cierra.

Los apellidos de Gloria son Ochoa Salcines. Es nieta del Historiador Manuel Salcines López, que ejerció como Hermano Mayor de Linares desde 1979 hasta 1982. Yo fui pregonera de la Romería a Santo Domingo de Scala Coeli en 1990, por lo que presenté a Manuel Salcines cuando él lo fue en 1991. Otro círculo que se cierra.

Las damas de honor, damas romeras y damas infantiles también tienen nombres hermosos y llenos de significado: Paula, Carmen, Anabel, Elvira, Maribel, Estefanía, Aurora, Victoria, Neus, Isabel, María, Lucía, Gloria, Andrea, Ana, Beatriz, Auxiliadora y Lorena. Nombres de fe, de santos y santas mártires, de vírgenes marineras, bíblicos, medievales, navideños, luminosos, de amanecer, piadosos, vibrantes, sonoros…

Las romeras son bellas. Y no lo digo por cumplir. Porque a la vista está. Ya ustedes han podido comprobarlo. También son de nuestro suelo, de nuestra tierra. Un hermoso ramo de primaveras para la Virgen de Linares.

La Virgen de Linares… Siguiendo el hilo de mis recuerdos infantiles, siempre me pregunté por qué Linares. ¿Por qué para una Virgen de Córdoba, el nombre de la ciudad de Jaén donde un toro mató a Manolete? ¿Por qué para una Virgen defensora, protectora, conquistadora, libertadora y capitana, el nombre de un lugar geográfico remoto –para mí, en aquel tiempo- que se representaba con un abstracto punto negro en el deshilachado mapa mudo del colegio? ¿Qué tenía que ver con todo ese lío la Virgen dorada, que sostenía en el brazo a su niñito y lo apretaba contra el pecho? ¿Qué tenía que ver con aquella madre tierna que desprendía cariño y dulzura, con aquella imagen sencilla, solemne, elegante y armoniosa, profundamente espiritual? ¿Por qué se llamaba Linares la Virgen tan venerada en Córdoba, que convertía mis domingos de primavera en jubilosos días de aventura, aire libre, sol, juegos, canciones y flores? Estas conjeturas se mezclaban en el revoltijo de mi imaginación…

Y conjeturas sigue planteando el origen de la advocación, porque según unos, se debe a que fue traída de la ciudad jiennense de Linares; según otros, por el apellido del sacerdote que hacía las veces de capellán entre las huestes del Rey. Hay quien dice que el paraje donde hoy se ubica el Santuario, estuvo ocupado en tiempos remotos por linares, es decir, por tierras sembradas de lino, que, por cierto, las flores del lino están formadas por cinco petalillos azules. Más flores para la Virgen dorada y azul.

Hay quienes opinan que la palabra Linares procede de la castellanización del nombre árabe de las atalayas donde se encendían las almenaras o fuegos para dar aviso de avistamientos de tropas o embarcaciones enemigas.

La historia de la imagen de Nuestra Señora de Linares es bien conocida. Fernando III El Santo, rey de Castilla, tuvo conocimiento de que Córdoba, la que había sido primera ciudad del mundo, la capital del Califato Occidental, tenía sus defensas debilitadas por haber sufrido el asalto de un grupo de valientes y atrevidos caballeros castellanos. Como es natural, el Rey vislumbró la oportunidad de tomar Córdoba definitivamente, y hacia aquí se dirigió con toda rapidez al frente de su ejército.

Cuenta la tradición que Don Fernando solía llevar en el arzón de la montura de su caballo la imagen de una virgen a la que rogar auxilio en las batallas. La imagen que le acompañó a Córdoba era la de Linares. En año 1236, bajo su protección, entró en la Ciudad y consiguió que el pendón de Castilla ondease en el alminar de la Mezquita. Pero la imagen de la Virgen de Linares no le acompañó en este paseo triunfal; seguramente, para evitar que sufriese cualquier daño –Ella, que tan hecha estaba a las caminatas y los traqueteos-. Como un nuevo Moisés, quedó a las puertas de la Tierra Prometida. Y allí sigue instalada, junto a Córdoba, en plena sierra, rodeada de bellísimo y frondoso paisaje, donde durante siglos ha sido venerada y ofrendada.

Naturalmente, esta es una forma de hablar, porque a través de tanto tiempo, la Virgen de Linares, por diferentes motivos ha visitado varias veces su ciudad: el peligro de la entrada de los franceses, en 1808; el hambre que azotaba al vecindario, en 1812; la epidemia de cólera, en 1865 y en 1885; el quincuagésimo aniversario de la definición del Dogma de la Inmaculada, en 1904; la conmemoración de la conquista de Córdoba, en 1936; el final de la Guerra Civil, en 1939… y en más ocasiones. En todas, a la venida y en el regreso, fue objeto de clamores populares; y se le rindieron homenajes en las iglesias y conventos donde se detuvo. Y tendrá que venir otra vez, en el 2011, para su Coronación en la Catedral.

Fue su primera capilla una atalaya-torre árabe que aún forma parte de la construcción. Posteriormente se adosó una pequeña ermita y poco a poco, se le fueron añadiendo dependencias. Los exvotos del pequeño atrio recuerdan los numerosos milagros realizados por su intercesión.

El exterior actual es sencillo, con azul lorquiano en ventanas y balcones, contrastando con el color albero de los dinteles. El resto, blanco; de cortijo andaluz recién encalado. La hospedería y la fachada de la iglesia forman conjunto. Encima, el campanario; con tres campanas de diferente tamaño. En el presbiterio de la iglesia, en el centro de un templete neoclásico de planta circular con columnas corintias que sostienen una cúpula, se encuentra Nuestra Señora de Linares.

La Virgen de Linares ofrece tantos matices que puede interesar y atraer a cualquier tipo de persona. En primer lugar, su emplazamiento, en el centro de un paraje recatado y suave, solemne y gracioso al mismo tiempo; un marco bello y pintoresco, que serena el espíritu, abre el alma y alegra el corazón. Este emplazamiento tiene otras importantes referencias históricas, como el haberse encontrado en sus alrededores monedas romanas del siglo IV; nada extraño que hubiese un asentamiento en lugar tan próximo a la calzada que conducía a Mérida; o que hubiese un cementerio cristiano del siglo X. Y no renuncio a relatarles esta otra:

Don Luís Ramírez de las Casas-Deza, en un artículo del “Semanario Español Pintoresco”, en 1849, señala como uno de los posibles sitios de la muerte de los Siete Infantes de Lara, “el situado a una legua de la ciudad, cerca del Santuario de Nuestra Señora de Linares, y que allí se ven como señales siete montones de piedras que se han ido formando desde tiempos muy antiguos”.

Don Ramón Menéndez Pidal, siendo Presidente de la Real Academia Española, pronunció una conferencia el 20 de mayo de1951, en el Salón de Actos de la Diputación Provincial en Córdoba, con motivo de la reapertura de la calleja de los Siete Infantes de Lara en la Calle de las Cabezas, y de la colocación de una lápida conmemorativa de esta verdad y leyenda venerables. En dicha conferencia el ilustre descubridor del Cantar de Mío Cid, incide en la opinión de Ramírez de las Casas-Deza, haciendo constar que “un Sumario de las Crónicas de España, hecho a finales del siglo XIV, decía que los Siete Infantes “fueron muertos cerca de Córdoba”. Alude también a la misteriosa frase “se han ido formando siete montones de piedras” y la explica refiriéndose a la vieja costumbre existente entre muchos pueblos, de señalar el sitio donde ha ocurrido una muerte violenta, arrojando el transeúnte en aquel lugar una piedra, acompañada de una oración o una maldición, según la calidad de la víctima; de modo que los siete montículos en Nuestra Señora de Linares, formados desde tiempos muy antiguos, nos revelan un culto popular a la memoria de los siete jóvenes burgaleses”.

Pero volvamos a nuestra Virgen. El Santuario y sus aledaños, son lugares santos. Todos los lugares santos son dignos objetos de peregrinación y romería. En versos de Miguel Salcedo Hierro, Cronista Oficial de la Ciudad de Córdoba, maestro de pregoneros, creador de un estilo mil veces aplaudido, “romero es quien va a Roma/ por los caminos,/ que es lo mismo romero/ que peregrino.” El Santuario de Nuestra Señora de Linares se convierte en objeto de peregrinación, tanto que llega a formar parte y escala del Camino de Santiago, en la llamada Ruta Mozárabe, procedente de Andalucía Oriental, que más adelante se une a la Ruta de la Plata, procedente del sur y del oeste. El Santuario de la Virgen de Linares tiene su propio sello para certificar el paso de los peregrinos hacia la tumba del Apóstol evangelizador de España.

Y hablando de peregrinaciones y romerías de Córdoba, no puedo dejar atrás a su mejor cantor, Ramón Medina, que solía sentarse detrás del Santuario debajo de una higuera de copa abierta y extendida, que le brindaba su protección como si fuese un enorme sombrero de ala ancha. Allí sonaron los primeros acordes de la Cordobesita, que acabamos de oír en las cálidas voces de la Cuarentuna. Allí se elevaron y templaron las notas del paso por el Puerto de la Salve, así llamado porque es el primer punto del camino en el que se vislumbra el Santuario y se reza una salve para celebrar la proximidad; precisamente, en los años 50 del pasado siglo, siendo Hermano Mayor Baldomero Moreno Espino, se amplió para dar paso a las romerías motorizadas, puesto que hasta entonces se habían hecho a pie o en carretas de tracción animal. Yo tengo otro punto donde rezo la salve, mi “Puerto de la Salve” particular; está en la antigua carretera a Cerro Muriano. Durante muchos años he recorrido ese camino con frecuencia; y todavía, de vez en cuando, dejo a un lado la carretera nueva y tomo la antigua, con sus curvas de siempre, ahora solitaria y medio desmantelada; al llegar al km. 260, busco con la mirada la ermita de Linares, bastante lejana allá abajo, pero perfectamente visible, y le dirijo mi oración.

También de la guitarra de Ramón Medina se desprendieron las notas del Arroyito de Linares, y como un manto de Virgen, se extendieron sobre los cerros y valles colindantes:

Arroyito de Linares

 Despierta ya claro día
de luz, flores y cantares,
que voy a la Romería
de la Virgen de Linares…
Nenas de Santa Marina
y de San Juan de Letrán;
nenas de Córdoba entera,
con mi caballo alazán
te espero en la carretea
que a la grupa he de llevarte,
cordobesa retrechera,
porque quiero pasearte
aunque tu novio no quiera.
En el Puente de Pedroches
su mano quise besar
y asomaron los romeros
entonando su cantar.

 ¡Arroyito de… Linares…!
Arroyito de Linares
tus aguas curan la pena,
porque inspira tus cantares
la Virgencita Morena,
y entre las flores
que bordan tu orilla,
llevando aromas
hasta tu capilla,
está la adelfa engañosa
que oculta su falso perfume,
perfume de rosa
de amarga traición,
como la nena
chiquita y graciosa
que viene jugando,
loca y caprichosa,
con mi corazón.

La Virgencita Morena. Muchos poetas hablan de la Virgen Morena. De tez, porque rubia, lo ha sido siempre. Pero el tono de su piel, al parecer, estaba oscurecido por el humo de las velas; y en la última restauración, que ya se puede suponer que en más de ocho siglos ha habido restauraciones, y hasta sustituciones que ni quitan ni ponen nada a la advocación, la piel quedó limpia, la imagen clara y rubia como las candelas y, para más luminosidad, se le repusieron los rayos del Sol que la rodean, que junto a la media luna sobre la que posa los pies y la corona de estrellas, le otorgan los atributos de Purísima Concepción, advocación que la acompañó desde mucho antes de que se proclamase el correspondiente Dogma.

El arroyo de Linares, que nace en Torre-Árboles, es el afluente más importante del Rabanales. Le alimentan el Balanzonilla, el Salado y el Parrón. El domingo pasado por la mañana, entre chaparrones intermitentes, me acerqué al puentecillo bajo el que cruza la carretera, ya muy cerca del Santuario de Linares; venía hecho un señor arroyo, pasaba tumultuoso, bastante crecido a costa de recoger las aguas que bajaban de la sierra; no le faltaba ni un detalle: después de saltar el desnivel formando una pequeña catarata, y arremolinarse entre las piedras, se alejaba rápido buscando su destino por un cauce de magníficos verdores, enredado de espinos y flores silvestres y bordeado de álamos. Algunos de los miles de ruiseñores que habitan en tan umbrosa ribera, desafiaban al tiempo inclemente lanzando con potencia sus más hermosos trinos para hacer los honores a la Reina de Linares, a la Capitana de las Adelfas.

Las aguas del Arroyo de Linares curaban las penas del alma y del cuerpo. Era costumbre, en las romerías de tiempos pasados, beber de sus aguas, a las que se atribuían propiedades salutíferas. Se usaban para ello unos vasos de cristal, con la imagen de la Virgen que se adquirían en puestos cercanos al Santuario. Después, durante todo el año, se reservaban y usaban para administrar a los enfermos las fórmulas magistrales, que incluso eran dispensadas en la farmacia en los mismos vasos. Recuerdo haber visto alguno de ellos en los estantes altos del aparador de la casa de mi abuela; y, en ocasiones, sobre las mesillas de noche; luego, les perdí la pista.

En tantos cientos de años, las Hermandades, las Romerías y los Cultos en el Santuario, han tenido altos y bajos: vaivenes de la fe popular, de la atención que hayan prestado los obispos; de la propia Hermandad… La Hermandad actual, su Junta de Gobierno, está llena de ilusión. Cuando visitas el Santuario, te llevan y traen, te hacen subir y bajar, te explican; te hacen reparar en los lienzos de buenas firmas que adornan las paredes de la Ermita; en el Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores, que ocupan los dos altares de la izquierda; en los tres altares de la derecha, ocupados por un San José, un San Fernando –de postura algo torera- y un San Rafael del que se asegura que estuvo en la iglesia del Juramento antes que el actual. Cuando llegan ante la Virgen de Linares, enmudecen, pero el brillo en los ojos delata su emoción. La Hermandad de la Purísima Concepción de Linares, sí que la pregona bien. La Hermandad sí que es un ramo de flores grande y apretado para la Virgen. La Hermandad es la que impulsa y organiza la Romería; la que en el amanecer del 4 de mayo lanzará los cohetes para despertar a la Ciudad. ¡Qué los caballistas abran paso! ¡Que las carrozas les sigan! ¡Que la comitiva se ponga en marcha para visitar a su defensora! ¡Que los peroles compartidos y la copa justa se ciñan en torno al Santuario! ¡Que se baile y se cante en honor de la Virgen de Linares! ¡Que las flores de Córdoba formen un inmenso ramo para Ella!

 

Las flores son mensajeras
del eterno amor divino;
y señalan el camino
a romeros y romeras;
suelen estar las primeras
derrochando fantasía
y hacen viva pedrería
en carrozas y caballos
cuando el sol da con sus rayos
joyas a la romería.

 Todo el conjunto de flores
la primavera resume,
embriaga con su perfume
y reluce de colores;
flores que con resplandores
realizan la exaltación
de esta pura Concepción
-la Virgen que tanto amamos-
poniendo sobre sus ramos
el ramo de mi pregón.

 

Pronunciado por María del Sol Salcedo Morilla el viernes, 25 de abril de 2008, día de San Marcos Evangelista, en el Salón Liceo del Real Círculo de la Amistad, Liceo Artístico y Literario de Córdoba.



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