Nuestro pregonero de este año es el Dr. D. JOAQUIN CRIADO COSTA

Nació el 19 de septiembre de 1942 en San Sebastián de los Ballesteros. Es persona muy conocida y querida en nuestra ciudad por su sencillez y simpatía

Director de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes y así mismo director de la Fundación Prasa para la Cultura, la Asistencia Social y el Deporte


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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PREGÓN de la ROMERÍA de la VIRGEN DE LINARES 2004
Por el Dr. Joaquín Criado Costa

PRESENTACIÓN DEL PREGONERO
de la
ROMERÍA DE LA VIRGEN DE LINARES,
EXCMO. SR. D. JOAQUÍN CRIADO COSTA.
AÑO 2004.

Excmas. e Ilmas. Autoridades, Real Hermandad de Nuestra Señora de la Purísima Concepción de Linares, Romera Mayor, Damas de Honor, Romeras Infantiles, Señoras y Señores, amigos todos:

Parece que fue ayer y ha pasado un año. Parece que fue ayer cuando tuve el alto honor de que desde esta tribuna pronunciara mi pregón y dirigiera mis palabras a Nuestra Señora, palabras que salían desde lo más profundo de mi alma.

Hoy es otro mi cometido; mi misión esta noche es la de presentar al pregonero de este año 2004, el Excmo. Sr. D. Joaquín Criado Costa, a mi entrañable amigo Joaquín Criado, Director de nuestra Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes.

Apeando el tratamiento, dado el cariño mutuo que entre nosotros existe, se me hace muy difícil hacer una sinopsis de cuantos méritos convergen en él, para ser merecedor de ser el pregonero escogido para ocupar esta tribuna donde se ensalce la figura de Nuestra Santísima Madre.

Nació nuestro pregonero en San Sebastián de los Ballesteros, estudió el bachillerato en el Colegio La Salle de nuestra capital y se licenció y obtuvo el doctorado en Filología Románica, con la calificación de sobresaliente "cum laude", en la Universidad Complutense de Madrid, al mismo tiempo que terminaba los estudios de Maestro de Primera Enseñanza, de Graduado Social y de Perito Mercantil.

Vivió por entonces más de una década en la capital de España, donde comenzó a ejercer la docencia como profesor de Lengua y Literatura Españolas, dio Cursos de Español para Extranjeros y de Formación y Perfeccionamiento del Profesorado, labor ésta que pasó a ejercer en Córdoba, donde reside desde el año 1968.

El día 30 de enero de 1975 es nombrado Académico Correspondiente de nuestra Real Academia, pasando a ser Académico Numerario el día 10 de mayo de 1979.

En ella ocupa diversos cargos hasta el año 2000 en el que es nombrado Director de nuestra docta Institución.

Mi amigo, nuestro pregonero, es historiador y crítico literario, fundador y Presidente de Honor de la Asociación Provincial Cordobesa de Cronistas Oficiales, Presidente de la Asociación Española de Cronistas Oficiales, Secretario General del Instituto de Reales Academias de Andalucía, miembro de numerosas Academias y Reales Academias nacionales y extranjeras entre ellas la Real de la Historia de Madrid, la de Doctores de la misma capital, la Norteamericana de la Lengua Española, etc. como también lo es de numerosas Sociedades Científicas de todo el mundo.

Tiene en su haber más de trescientas conferencias, ponencias, comunicaciones, pregones, etc. y más de cuatrocientos artículos científicos publicados.

Autor de más de veinte libros y monografías. Es coautor, prologuista y coordinador de unos cien libros más de Historia y Literatura, así como también ha sido jurado de más de un centenar de concursos literarios o artísticos, de tribunales oficiales y comisiones científicas.

Caballero de la Orden Hospitalaria de San Juan, Caballero del Santo Cáliz de Valencia, Caballero de Yuste y Caballero de Guadalupe de Cáceres, pertenece a la Confederation de Chivalry en Sidney (Australia), entre otras distinciones.

Os decía al comenzar mis palabras que me limitaría a hacer una breve sinopsis del amplísimo "curriculum" de nuestro pregonero; creedme si os digo que así lo he hecho, porque de no haber cumplido con lo dicho esta presentación sería interminable.

Mi amigo Joaquín Criado Costa es un hombre que lleva por doquier a Córdoba por bandera; así lo está demostrando día tras día en todos y cada uno de los puestos que ocupa dentro de la sociedad cordobesa, abierto siempre al diálogo y con un espíritu cordobés que le distingue en cuantos foros nacionales interviene.

El pregonero requiere, sin lugar a duda alguna, un convencimiento pleno de aquello que con la voz se lanza al viento; el pregonero es ese juglar que canta cuanto su alma siente; si no es así es imposible llegar a las entrañas del oyente.

Joaquín Criado Costa nos llegará al alma, estoy convencido de ello.

Ya quiero terminar, pero no sin antes mirar a Nuestra Madre celestial y pedirle que abra nuestras almas para que en ellas queden impresas cuantas palabras van aquí a pronunciarse.

Sin más, pongamos nuestras manos en el corazón y con un fuerte aplauso recibamos al pregonero.

Nada más, muchas gracias.

Julio Sánchez Luque

 

 

PREGÓN DE LA ROMERÍA
de la
VIRGEN DE LINARES
(2004)

Por el Dr. Joaquín Criado Costa

Excmas. e Imas. Autoridades.

Sr. Hermano Mayor, Junta de Gobierno y Hermandad de la Purísima Concepción de Linares.

Guapísimas Romera Mayor, Romera Infantil y Corte romera.

Sr. Presidente de la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba.

Sres. Hermanos Mayores y representantes de Hermandades de Penitencia y de Gloria.

Peñas cordobesas, Amigos de los Patios, cordobesas y cordobeses que siempre ejercéis de tales.

Señoras y señores.

Nunca había pensado y nunca había soñado con ser pregonero de la Romería de nuestra Virgen Conquistadora, de nuestra Madre de Linares. Y hete aquí que el destino o la Divina Providencia, la mano de mi buen amigo el Dr. Fernández Dueñas y la voluntad de la Junta de Gobierno y de los Hermanos de la Virgen Capitana me han traído ante ustedes, aquí y ahora, desprovisto de saberes y de experiencias, pero en cambio colmado de noble interés, de gozo desbordante y de contenido entusiasmo para cantar a la Madre de Dios y pregonar el camino romero.

La presentación que acaba de hacer mi amigo el académico don Julio Sánchez Luque, tan ponderada, sólo podrá comprenderse desde la amistad que nos une. Gracias, Julio, por tus palabras; gracias por tu amistad de siempre. Has cumplido como un amigo... has cumplido como un amigo que, como buen andaluz, exagera con afecto renovado.

Muchos poetas populares que han cantado a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo en el misterio de su Trinidad y de su indivisa Unidad -como decía Santiago Aracil, obispo de Jaén (1)-, no podían menos que dedicar los versos también populares de su mirada poética a ensalzar a la "llena de gracia", "Espejo de justicia divina", "Trono de Sabiduría Encarnada", Estrella de la mañana que la "Luz del mundo", Cristo Jesús, abre para nosotros inaugurando la nueva humanidad, la era de la salvación.

De ellos, de los poetas, tomaremos algunas de sus más bellas páginas con que la fe profesa y el corazón canta la grandeza de la "Mujer fuerte... que teme al Señor", la sublime dignidad de la "Reina de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas, de los apóstoles, de los mártires, de las vírgenes y de todos los santos", como cantamos en las Letanías marianas.

La belleza inigualable de quien es Casa de oro, primer Sagrario de la divinidad, Templo vivo y esplendoroso donde Dios se acercó al hombre en tierno y misterioso gesto de amor infinito y de misericordia paternal, encuentra en los versos marianos un espejo creyente y emocionado.

Este pregón a María la Virgen de Linares, Hija del Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo, quiere ser un signo del amor que merece nuestra Madre del Cielo y del cariño filial con que la miramos, la amamos, la veneramos, la aclamamos y le suplicamos los cordobeses, poniendo alma, vida y corazón, como sabemos hacerlo los hijos de esta bendita tierra de María Santísima, de esta bendita tierra castellana y andaluza por los cuatro costados, que por ser cordobesa.... es... ¡nada menos que universal!

Nuestra Virgen de Linares es la Inmaculada que cantara González Brotons, y que recogiera Rafael Lizcano en su antología literaria de Exaltación a la Virgen María; de ahí tomo estos versos:

Todo la esperaba:
La tierra y el cielo, la vida y la muerte.
De un fondo de siglos, tomando latido, lo que estaba inerte
cantaba
con voces de brisa y de mar.

La tierra y el cielo, con sana impaciencia de tanto esperar,
sintieron tras años el día
en que en un momento,
hecha aurora y rosa, nos iba a llegar
la Virgen María.

Dulce, hermosa, radiante y alada,
la Virgen María nació Inmaculada.

Y se hizo una aurora de gloria serena,
una gloria nueva donde se juntaba
el blancor del nardo con los azahares y con la azucena:
nacía la que era reina de los cielos, y de Dios esclava,
y Madre de Cristo, y de Gracia llena.

Y en esta armonía se siente dichosa
la elegida por Dios
para ser más pura que el agua y la rosa.

Sí, más pura que el agua y la rosa. "Tota pulchra". Lo sabía el orbe cristiano y lo proclamaba España mucho antes de la llegada del dogma de 1854 mediante la bula "Ineffabilis Deus" de Pío IX. Podríamos decir que mucho antes de la furibunda polémica entre inmaculistas y sus contrarios, polémica de la que no se vio libre nuestra ciudad, por las predicaciones del doctor Pizaño de Palacios. Podríamos decir igualmente que el dogma de la Inmaculada estaba anunciado ya en la dorada imagen de la Virgen de Linares.

Así lo entendió el jesuita Juan Bautista Moga y Mora en 1881 cuando observó una media luna a las plantas de la imagen, "convenciéndose con gran júbilo de que la Virgen de Linares aparece representada en el misterio de su Inmaculada Concepción".

Y así lo entendió la comisión integrada por el sacerdote y arqueólogo D. Camilo Paláu, el magistral González Francés, el carpintero de D. José Casvas, el fotógrafo D. José de Hoces y los académicos Sres. Pavón López, Romero Barros, Eguilaz Bengoechea y Rafael Aguilar.

¿Quién sabe si quizá por esta abundancia de Académicos en la comisión todavía hoy nuestra Real Academia celebra anualmente el Día de la Inmaculada? En los últimos años colaborando la Agrupación de Hermandades y Cofradías. Y nunca faltan a la cita el Dr. Fernández Dueñas ni el claretiano P. Segundo Gutiérrez, como antes no había faltado nunca mi amigo y compañero, el recordado José M. a Ortiz Juárez.

¿Quién sabe si por eso tantos y tantos Académicos han sido pregoneros de la Virgen y de su romería, ora en épocas remotas, ora en tiempos recientes?

¿Quién sabe si por eso este Director de la Real Academia, incauto y torpe, las pregona hoy?. Los designios de Dios y del destino son inescrutables.

Al alborear la segunda mitad del pasado siglo XX, este pregonero abandonaba, no sin dolor, su pequeño y apacible pueblo natal para sumergirse en la ciudad rural y ruralizada que Córdoba era a la sazón. Venía a estudiar el bachillerato, como alumno interno en el Colegio La Salle, que aquel año de 1953 abría sus aulas, para ser estrenadas, en las faldas de una sierra aún no codiciada por la fiebre constructora.

Seis años de mi vida, quizá entre los mejores, pasé en el internado. Seis años gozosos y esperanzadores. Los Hermanos de las Escuelas Cristianas, hijos del francés San Juan Bautista de la Salle, nos llevaban cada curso en peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Linares. Rosarios, himnos, el santo sacrificio de la Misa al aire libre, juegos, correrías de niño y de adolescente, el recuerdo al santo rey conquistador de Córdoba y el cansancio físico podrían resumir cada una de aquellas jornadas camperas. Aquello de que "de soldado triunfador llevas la cara, romero", que músico el nunca bien ponderado Ramón Medina, sólo era verdad a la ida al santuario por la mañana, que no a la vuelta en el declinar de la tarde.

Fueron mis primeros contactos con el santuario, con su paraje serrano dejaras, lentiscos y acebuches y con la imagen de la Virgen Conquistadora que nos legara el rey San Fernando. Fueron mis primeras romerías o peregrinaciones, en mi infancia y en mi adolescencia. Fueron mis primeros rezos a la Virgen de Linares. A la Purísima Concepción de Linares. A la Virgen María, para mí entonces en una nueva advocación: la que hoy nos congrega aquí, en cónclave de amor mariano y en clave de romería.

Porque al fin y al cabo era la misma Inmaculada de mi pueblo, con cuyo nombre bautizamos a la mayor de mis hijas; la "Tota Pulchra" entronizada por mandato de otro rey, Carlos III, al desbrozar y repoblar terrenos baldíos de nuestra provincia. Inmaculada por creencia popular, pues no sería hasta el 8 de diciembre de 1854 cuando el Papa Pío IX definiera "solemnemente como verdad revelada que María fue preservada de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su ser, en razón de los méritos de Cristo Salvador" (2).

Los niños de La Salle le cantábamos en su santuario con agudas y blancas voces y con el corazón a saltos:

I

Eres más pura que el sol,
más hermosa que las perlas
que ocultan los mares;
sólo tú, entre tantos mortales,
fuiste libre del yerro de Adán.

"Salve, salve -cantaban-, María,
que más pura que tú, sólo Dios"
Y en el cielo una voz repetía
"Más que tú, sólo Dios, sólo Dios"

II

Ah, bendito el Señor que en la Tierra
pura y limpia te pudo formar
como forma el diamante la sierra,
como cuaja las perlas el mar.

"Salve, salve -cantaban-, María,
que más pura que tú, sólo Dios".
Y en el cielo una voz repetía
"Más que tú, sólo Dios, sólo Dios".

Historia y leyenda, leyenda e historia -que nunca se sabe dónde acaba una y empieza la otra-, nos han legado y regalado a Linares, Virgen y santuario, devoción y romería, que son hoy una espléndida realidad.

Una espléndida realidad que vive entusiasmado el pueblo de Córdoba, ese pueblo sencillo y honesto que sabe muy bien que en las tradiciones está incrustada el alma colectiva, el alma auténtica de una ciudad vieja y sabia como es la nuestra.

Una ciudad que hunde sus raíces en el tiempo hasta mil años más allá del nacimiento de Cristo, el Hijo glorioso de Nuestra Madre de Linares.

Una ciudad de pasado tartésico, fenicio y griego, ibero-turdetano, romano y visigodo, islámico-califal, judío y cristiano...; la Córdoba de Claudio Marcelo; la Córdoba testigo y escenario más o menos preciso de las guerras entre César y Pompeyo; la Córdoba de Séneca y de Lucano y silla episcopal del Osio que brilló en el Concilio de Nicea; la Córdoba que dio a luz emires y califas Omeyas y que fue calificada como "ornato del mundo" por la monja germánica Roswitha de Gandersheim, de "perla de Occidente" por el historiador Al-Maqqari y de "ciudad de destino", más tarde, por el historiador Arnold J. Toynbee; la Córdoba del Averroes musulmán y del judío Maimónides; la Córdoba de tantos mártires y santos; la Córdoba que un día decidió ser plenamente cristiana y por eso un rey santo, el Tercero de los Fernandos, le trajo altar y culto, obispos y sacerdotes, valentía y nobleza... y con todo ello le trajo a Cristo en los brazos candorosos de una imagen bendita: ¡ la Virgen de Linares !

Y después vendrían, paridos por Córdoba, más sabios, más pensadores, más politicos, más escritores, más artistas... para formar la corona inmensa de fulgentes rayos de la Córdoba cristiana, la Córdoba verde de olivos y blanca de azahar, la Córdoba mineral y arcana, la Córdoba de agua que discurre por el viejo Betis... la Córdoba filosófica y profunda, la del "sentir hondo, pensar alto y hablar claro", que diría nuestro Duque de Rivas.

Pero historia y leyenda, leyenda e historia -que el tiempo las ha urdido inseparablemente- nos hablan, mucho antes, de la voluntad de Córdoba de ser cristiana, de una Córdoba de la decimotercera centuria, taifal y decadente, que ya veía lejano el esplendoroso Califato de otros tiempos, en la cual puso sus ojos el Rey Santo.

Cuenta Enrique Redel, en su conocida obra La Virgen de Linares, conquistadora de Córdoba (3), que "finalizaba el año de 1235, cuando en una noche glacial y tenebrosa, la del 23 de diciembre -o la del 6 de enero de 1236 para Orti Belmonte (4)-, un corto número de héroes se encaminaba hacia Córdoba [...] desde Andújar [...], vadeando el río Guadalquivir [...], cuando se informaron por ciertos moros [...], del general descontento que reinaba en Córdoba entre los mahometanos de la plebe, profundamente irritados ante el dominio déspota de los nobles que, en la ausencia del rey Mohamed ben Insuf-Ben Hud, ejercían todo linaje de desmanes contra las leyes y las creencias, encendiendo la tea de la discordia".

Algunos de esos héroes son hoy bien conocidos en los topónimos urbanos de nuestra ciudad: el adalid Domingo Muñoz, los caballeros Pedro Ruiz Tafur y Martín Ruiz de Argote y los peones Benito de Baños y Alvaro Colodro, apellido este último popularizado más tarde en uno de los narradores del anónimo libro Casos notables de la ciudad de Córdoba.

"Cuando, entre las sombras de la noche -dice Redel-, llegaron a la muralla que circundaba la ciudad, detuviéronse ante el sitio todavía conocido por la Puerta del Colodro [...]; la población dormía" y los llegados, acompañados por algunos renegados y prisioneros, oyeron a Domingo Muñoz, que dijo: "-Hagamos la señal de la Cruz, imploremos el auxilio de Dios, el amparo de la Virgen y el favor del apóstol Santiago, patrón de España, y ellos nos ayudarán-...".

Después, "tendiendo escalas en el muro, subieron primero Alvaro Colodro y después Benito de Baños, los cuales hablaban con perfección la lengua árabe popular e iban disfrazados con trajes de mahometano. Ya dentro de la ciudad [...], recorrieron la muralla, acuchillaron a todos los centinelas, probablemente dormidos, con que toparon, aparte de unos cuantos a quienes engañaron manifestándoles que eran los sobrevelas, y lograron abrir la antigua puerta llamada de Marios para que entrasen por ella, como en efecto lo hizo con toda su caballería, el valiente Pedro Ruiz Tafur. [...] Los moros tuvieron que refugiarse en la parte alta, nominada la Villa, y separada entonces por una muralla interior que partía desde el río, por la Cruz del Rastro, hasta la Puerta del Rincón, atravesando [...] la calle de la Feria o de San Fernando, la de la Librería y la calle Alfaros. [...]. La batalla fue sangrienta, incesante y heroica. [...] Martín Ruiz de Argote se distinguió clavando el pendón en las almenas de una torre que, frontera a la iglesia de San Nicolás de la Ajerquía, era conocida, aún en el [...] siglo XIX, con el nombre de la torre de Argote, hasta que fue destruida cuando se construyó el murallón de la Ribera". Así lo cuenta Enrique Redel.

Pero el autor anónimo de los Casos de notables de la ciudad de Córdoba (5) pone en boca de un supuesto personaje llamado Escusado [sic] que "Siendo yo mozuelo oí decir a algunos caballeros de la Piedra Escrita, que es cerca de la Puerta Escusada, que oyeron a sus padres que viniendo a ganar aquella ciudad el rey don Fernando el Tercero, la cercó y apretó de suerte que no se podía entrar ni salir en ella. Acudieron al rey moro y le dijeron que por aquella parte que caía a la sierra se abriese un postigo para meter ganado. Pareció bien al rey y dio licencia para que se abriese, por donde entró algunos días ganado [...]. Vino a noticia de algunos soldados lo que pasaba, y con un ardid extraño se metieron entre el mismo ganado doce de ellos, con apercibimiento [de] que, en viendo la refriega, acudiesen los que quedaban en acechanzas. Al fin, viéndose dentro de la puerta sacaron sus armas y comenzaron como leones a matar a los moros con tanta furia que en breve tiempo, con la ayuda de sus compañeros, se hicieron señores de la puerta y de las torres y así vino aquella parte de la ciudad a ser ganada. Sabido por el rey moro lo que pasaba, dijo: "Bien escusada hubiera sido allí aquella puerta". Y desde entonces se le quedó este nombre". Colodro, que supuestamente dialoga con Domingo Escusado, contesta: "Por Dios que me cuadra [la narración], y tengo por cierto que lo mismo debió de ser la de Colodro, que está entre la Puerta Escusada y la del Rincón".

Historia y leyenda, leyenda e historia -abrazadas en la noche de la oscuridad- cuentan (6) que "avisado del hecho [el rey Fernando III] cuando se encontraba en Benavente, aprestó su ejército y en jornadas agotadoras plantó sus reales en la parte nordeste de la ciudad, en los llanos de Alcolea". Y continúa mi paisano y compañero el doctor Vázquez Lesmes: "Es en este momento y durante este acontecimiento cuando hace su aparición en escena la advocación mariana de más rancia tradición en el pueblo de Córdoba: Nuestra Señora de Linares. Cuentan las crónicas que era costumbre del Rey Santo llevar en el arzón de la montura de su cabalgadura una imagen de la Virgen en los momentos de entrar en la batalla, con el propósito clarísimo de impetrar su protección y ayuda. [...] La imagen traída a Córdoba recibía el nombre de Linares. [...]. El origen de éste [...] presenta dos interpretaciones diferentes. Unos aseguran que se lo debe al sacerdote que tenía confiada la imagen durante el traslado del rey [...]; otros [...], que esta advocación se encuentra íntimamente relacionada con la de Linarejos, aparecida en las proximidades de la villa jiennense unos años antes y que tuvo gran repercusión entre sus pobladores, quienes, a su vez, participaron en el cerco de la capital califal, como indica Miguel Castillejo".

Sea lo que fuere, la Virgen de Linares ha inspirado siempre a los vates cordobeses, que le han dedicado poemas como estos versos de Margarita Melguizo, compuestos hace sólo unos días y por tanto inéditos hasta ahora:

VIRGEN DE LINARES

De Córdoba eres, Señora,
la flor más bella soñada,
albor en la madrugada
y de Linares, aurora.

Te trajo el rey San Fernando
toda hermosa y toda pura,
cabalgando en su montura
ciudad tras ciudad tomando.

Tu figura me embelesa,
me cautiva tu mirada
porque siendo Inmaculada
¡también eres cordobesa!.

Lleno está tu altar de flores
que con amor te ofrendamos,
Reina de montes y llanos,
Madre de los pecadores.

Esta ciudad que en tu honor
canta un himno de alabanza
en ti tiene su esperanza
con piadosa fe y amor.

Todos llenos de emociones
de rodillas nos postramos
para que tus blancas manos
nos llenen de bendiciones.

Es tradición que Fernando III levantó un altar para la imagen "en una atalaya mora, situada a una legua de la ciudad y que desde entonces es conocida con el mismo nombre" de Linares.

Durante seis meses se asentaron "los ejércitos reales a todo lo largo de las estribaciones de la sierra [...], un lugar de incomparable belleza, adornado de una vegetación exuberante y de limpias aguas, que discurrían por el arroyo que serpeaba a sus pies", y que no es otro que el arroyo de Linares.

"Cuando después de múltiples negociaciones -narra Vázquez Lesmes-, concretadas con el acuerdo de rendición, el 29 de julio de 1236, fiesta de los apóstoles San Pedro y San Pablo, Fernando III, rodeado de obispos castellanos, penetró en la ciudad y se dirigió a la mezquita-aljama, desde cuya torre se ondeó el pendón de Castilla, proclamando a los cuatro vientos la reconquista de Córdoba, el gozo y la satisfacción por aquel hecho se derramó por toda la Cristiandad".

Y la Virgen de Linares, considerada la Virgen Conquistadora de Córdoba, quedó en la "torre mora" que dicen las crónicas y fue objeto de canto para poetas y compositores, como Ramón Medina, quien en 1957 puso música a esta

PLEGARIA

Virgen santa de Linares,
Reina pura y seductora,
Divina Conquistadora
De nuestra ciudad sin par...
Es tu bello santuario,
Entre jaras y lentisco,
Santo y celestial aprisco de la fe
Y refugio de tu amor
Para la Cristiandad.
Hoy tus hijos cordobeses
Flores vienen a ofrendarte
Para repetir sus preces al rezar,
Igual que el Santo Rey,
Postrados ante tu altar.
Tú eres el cielo,
Tú eres el valle,
Dicha y consuelo
Del pecador...
Alfombra de flores
Te brinda el campo;
Tu arroyo, su encanto;
Tus hijos, su amor;
Y los pajarillos
Trinos de alegría
Como Ave María
Cantada en tu honor...
¡Madre!
Virgen Santa de Linares,
Reina pura y seductora,
Divina Conquistadora
De nuestra ciudad sin par...
Es tu bello santuario,
Entre jaras y lentisco,
Santo y celestial aprisco de la fe
Y refugio de tu amor
Para la Cristiandad.

La "torre mora" quizá lo fuera sólo en su cimentación y la reconstruyeran los soldados leoneses del ejército del Rey Santo, en opinión de Orti Belmonte, que la considera de líneas arquitectónicas de la Extremadura cacereña. O quizá fuera la primera ermita que mandó construir D. Lope de Filero, el primer obispo de Córdoba después de la reconquista.

A lo largo de los siglos el santuario, puesto bajo el patrocinio del Cabildo Catedralicio, y desde el año 2001 declarado Monumento de Interés Cultural, ha sufrido los avatares del tiempo y periodos de postergación, pero nunca de olvido ni de abandono total. A la primitiva construcción se unieron otras edificaciones de carácter popular, ajustadas a la estética de las viviendas rurales.

La iglesia, pequeña, de una nave con crucero y cabecera rectangular, en descripción de Villar Movellán (7), reúne varios retablos y altares barrocos, imágenes talladas y lienzos de Zambrano, de Antonio del Castillo, de Sarabia y de Juan de Alfaro.

El presbiterio se adorna con un templete de planta circular con columnas corintias que sostienen una cúpula, obra realizada en 1868, según diseño del arquitecto Rafael de Luque y Lubián. En el centro se halla la bendita imagen de Nuestra Señora de Linares.

Fray Lucas de Córdoba, en 1805, la describe como escultura antigua con ropaje sobredorado, cuyo cuerpo tiene de alto una vara y media cuarta, estribando sobre una repisa de media vara. La túnica está esmaltada de flores pequeñas y el manto, que la cubre por la espalda, presenta una tela de oro lisa y sin labor. Sus remates y los de la túnica forman una orla floreada de un dedo de ancho. El cabello es igualmente dorado y tirado con mucho aire sobre la espalda; el rostro blanco sin extremo, el gesto dulce y apacible, los ojos azules, vivos y llenos de majestad; la boca pequeña con labios finos y encarnados, sobre los cuales parece que está derramada la gracia y hermosura. Es tan inefable la serenidad y el encanto que presenta en su semblante que cualquiera que con piadoso afecto la mira queda como absorto en la contemplación de su belleza y no puede menos que verter su corazón por los ojos, derramando lágrimas de devoción (8).

Para Enrique Redel es una imagen "ciertamente hermosa, gallarda, encantadora para los cordobeses y de raro mérito por su belleza artística y por su antigüedad" (9). La comisión de académicos y expertos a la que antes aludimos la describió como una imagen hueca por dentro, de 94 centímetros y la peana de 8 y medio, con un diámetro de 25 centímetros, de buena madera de peral y de pino de Segura, con dos remiendos o añadidos posteriores. Viste manto artístico plegado, el Niño Jesús descansando sobre el brazo diestro y con la mano izquierda le coge la Virgen el pie derecho. Observó la comisión bellezas "tales como la actitud majestuosa y modesta al par, la expresión mística de la fisonomía, el airoso movimiento del plegado del manto, el abandono bellísimo del Niño sobre el seno de la Madre, la tierna expresión de su mirada y la sonrisa dulce, y la cabeza de serafín que tiene a sus pies". Notó claramente las diversas capas de pintura y remontó la factura de la imagen a principios del siglo XIII, lo que permitía deducir que podía ser la imagen traída por San Fernando. Concluyó afirmando que los símbolos de la media luna y la cabeza de serafín forman con la imagen un todo armónico y que, sin género de duda representan el misterio de la Concepción de María, por lo que propusieron la denominación de Santa María de la Concepción de Linares.

Era por tanto, una Inmaculada como la que cantó Miguel Castillejo en su juventud, poema recogido en su reciente obra Fuente que mana y corre (10):

Inmaculada,
flor que labras
tu hermosura en los montes del Señor;
blanca espuma, rosa grana...
Tu candor es la nieve ya cuajada,
y ese matiz singular,
ese tinte de carmín,
te lo dio el Sol del Amor,
que al posarse en tus mejillas te besaba...

Blanca espuma
que al rodar de la montaña
blancos copos vas sembrando
por dondequiera que pasas.

Rosa grana
estática ante la Cruz,
salpicada de la sangre
que desde ella se derrama,
y al salpicarte te besa,
¡beso de púrpura y nácar!...

Las conclusiones de la comisión se vieron matizadas por cualificados estudios posteriores que consideran a la imagen de estética manierista de hacia el 1600, muy retocada, como afirma el profesor Alberto Villar (11).

Para el doctor Vázquez Lesmes, "esta afirmación echa por tierra la argumentación de ser tomada como la efigie más antigua representativa de la Inmaculada, así considerada por poseer la media luna a sus pies, hecho que, a su vez, contrasta con el Niño en brazos, símbolo demostrativo de la maternidad de María. De ello se deduce que el autor quiso aunar en su creación las dos grandes cualidades que adornan a María Santísima a los ojos de los católicos, la de ser Virgen y Madre al mismo tiempo" (12).

Pocas veces ha salido la imagen de los alrededores del santuario, por donde procesiona el segundo domingo de mayo. Ni siquiera salió para ser procesionada el 29 de junio de 1236 en la solemne ceremonia de la conquista de la ciudad. Razones habría para ello. Ha visitado a sus hijos de la urbe en contadas ocasiones y siempre con motivo de solemnes actos de culto, de grandes efemérides, de graves epidemias o de restauraciones de la efigie y en las circunstancias históricas concretas de la Guerra de la Independencia y de la última contienda civil.

Pongamos la mirada de nuestra memoria en una de estas salidas, la del año 1904, para presidir los cultos conmemorativos del 50 aniversario del Dogma de la Inmaculada Concepción, al no haber concluido las obras del camarín del santuario. El 27 de noviembre de 1904 a las cinco de la tarde llegaban las imágenes de la Virgen y de San Fernando a la plaza del Corazón de María, entraron en la iglesia de los Padres de Gracia y siguieron en dirección a la de San Pablo por calles profusamente engalanadas. Las fiestas solemnes, triduos, sermones, procesiones y otros actos desarrollados fueron de una brillantez inusitada. El 25 de febrero de 1905, tres meses después de su llegada, las dos imágenes salían de la iglesia de San Pablo para pasar de nuevo por la de los Padres de Gracia y ser llevadas por una multitud enfervorizada a su santuario serrano.

Fernández Grilo exhorta a la población con versos de gran expresividad y efectismo:

Cortad todas las flores
de nuestros valles
y engalanad con ellas
rejas y calles!

En procesión solemne
la Virgen pasa
porque ya de regreso
vuelve a su casa.

Aunque en hombros la llevan
hasta Linares,
se queda defendiendo
nuestros hogares.

Al paso de la Virgen
se abren las flores
y los campos se llenan
de resplandores.

Tras la hermosa jornada
de su visita,
la Virgen de Linares
vuelve a su ermita.

Y adornando esa imagen
candida y bella
todos los cordobeses
se van tras ella.

El culto y la devoción a Nuestra Señora de Linares ha sufrido altas y bajas en el transcurso de los siglos.

Poco después de la conquista de la ciudad -como afirma Ramírez de Arellano (13)- se instituyó una hermandad que fundó el hospital de la Lámpara o del Amparo o de San Cristóbal, que esos tres nombre tenía. Pertenecían a ella todos los trabajadores del gremio de calceteros y el obispo don Pascual le impuso la obligación de celebrar una fiesta anual a Nuestra Señora de Linares en su santuario, que se iniciaba con una feria durante los ocho días anteriores en la calle todavía hoy conocida popularmente como de la Feria y con una especie de procesión que recorría las calles con trompetas y chirimías.

Pero gremio y hermandad desaparecieron y el santuario conoció alternativos periodos de abandono y de esplendor a lo largo del tiempo, siempre bajo el patrocinio del Cabildo Catedral. Con la desamortización de los bienes eclesiásticos en 1835, se produjo la ruina económica, quedando el santuario sin más recursos que las limosnas de los devotos de la Virgen. En 1861 se fundó una hermandad aprobada por el obispo don Juan Alfonso de Alburquerque de la que dos años más tarde la reina Isabel II se declaró protectora y hermana mayor perpetua. El Papa Pío IX, en 1867, agregó el santuario de la Virgen de Linares a la iglesia de Santa María de Roma; y Alfonso XIII, en 1903, aceptó el título de presidente honorario.

Estos son los precedentes más directos de la hermandad actual, que también sufrió diversas crisis pese a entusiastas hermanos mayores como don José Vázquez de Torre y don Ángel Toledano Rodríguez.

En 1955 la revitalizó don Baldomero Moreno Espino al ser elegido hermano mayor. Le imprimió dinamismo y las actividades se multiplicaron, conociéndose un verdadero renacimiento en todos los órdenes: obras en la iglesia y en las demás dependencias, dotación de alumbrado eléctrico, reparación del camino, brillantes romerías el primer domingo de mayo con carrozas motorizadas, reparto de comida a los necesitados, elevación del número de hermanos de 359 a 1.148 y otros logros fueron la aportación de este devoto mecenas, hoy en la gloria de Dios, hermano mayor honorario perpetuo. Le sucedieron don José Rodríguez Jiménez, don Agustín García Solano, don Rogelio Portea Pérez y más recientemente don Adriano Jiménez Alonso de León, don Santiago Granados Álvarez, don Antonio Rodríguez-Carretero, don Santiago Granados Muñoz, hasta llegar al actual, don Enrique Moreno Blasco, siendo hermano mayor honorario S.M. el Rey Don Juan Carlos I y delegado del Cabildo Catedral el M.I. Sr. D. José Manrique Vicente.

Cada año nos trae una nueva primavera, una juventud de renovación de vida, un regalo cósmico y letificante. Mi amigo el poeta Miguel Salcedo lo ve así:

Gracias, Señor, por dejar
que llegue la Primavera.
La vida se torna altar
para poderte oficiar
toda una liturgia entera.

Los campos cubres de flor;
la noche aromas de esencia;
todo tiene un resplandor...
Yo sé que eres Tú, Señor,
que así nos das tu presencia.

El poeta Grilo la anuncia en esta estrofa:

Ya viene, niña,
la primavera;
ya el sol es oro;
la luz, más bella;
el aire es puro,
y en nuestra tierra
embalsama la brisa el perfume
de las violetas!

Y con la primavera llega el primer domingo de mayo, del radiante mayo cordobés de cruces, patios y feria. Y la Virgen de Linares invita a subir a su santuario serrano. Y el pueblo de Córdoba, que ha preparado previamente carrozas y cabalgaduras, se dispone a hacer el recorrido romero. Las guapas mujeres de nuestra tierra, aquí representadas ampliamente por las romeras mayor e infantil, por sus respectivas cortes y por todas las señoras que nos honran con su grata presencia, luciendo su belleza, su alegría y sus trajes típicos, a la grupa de los briosos corceles y ocupando las carrozas, o dispuestas a hacer el camino a pie, se dirigirán, con los miembros de la Hermandad, con las autoridades y con los devotos cordobeses amantes de sus tradiciones, a la explanada del santuario que una vez más se quedará pequeña para albergar a los romeros y su explosión de fervor.

En la Glorieta de la Media Luna, que siempre auguramos en cuarto creciente, iniciarán el recorrido

En nombre de la Virgen
Nuestra Señora,
la que da vida al campo,
luz a la aurora.

(A. Fernández Grilo).

Pero antes, de madrugada, un grupo de hermanos habrá cumplido con el ritual "coheteril" por los barrios de la ciudad y un jinete mozo habrá dicho a la romera que llevará a la grupa de su caballo:

Antes que alegre en tu balcón sonría
el alba entre sonrojos,
ya están sobre tus flores, alma mía,
mis desvelados ojos.

(A. Fernández Grilo).

Las palmeras del Paseo de la Victoria, émulas y herederas de aquella célebre y arrogante a la que un Abderramán un día declarara tan extranjera como él en esta tierra, agitarán sus ramas como saludo matinal. En Ronda de los Tejares, extramuros en tiempos ya idos, el espíritu de los califas del toreo, desde el recuerdo de la vieja plaza de toros, envolverá a la comitiva. La calle Cruz Conde, abierta al flujo urbano por uno de nuestros más celebrados alcaldes, ofrecerá la visión de la Córdoba del siglo XX. En las Tendillas, un Gran Capitán petrificado enviará su saludo a la Virgen Capitana y Conquistadora. Y el cónsul romano Claudio Marcelo presenciará el desfile desde la colonia patricia que él fundara. En la calle Capitulares, la Municipalidad, la más genuina y legítima representación del pueblo cordobés, testimoniará a los romeros la devoción de Córdoba a su Virgen serrana. San Pablo será recuerdo de las varias acogidas urbanas a la imagen bendita de Linares y ofrendará el tributo de los apóstoles. En esta misión San Andrés representará a los mártires. El Realejo recorda­ rá, al paso de los romeros, los lejanos tiempos en que fue destacamento de las tropas reales de San Fernando. Santa María de Gracia llorará por la Córdoba vilmente destruida por el pico y la pala. San Lorenzo, que asiló a la Virgen de Linares en años de guerra y en representación de las iglesias fernandinas, alentará a los romeros con el calor de las panillas de su titular. María Auxiliadora se hermanará y se identificará con María de Linares en su común tarea de "Auxilium Christianorum". Los pequeños marrubios de la Ronda de su nombre envolverán a la comitiva con sus colores blancos, purpurinos y amarillos. Ya en la carretera de Almadén, final del recorrido urbano, flotarán en el aire, difuminadas por el paso del tiempo, las oraciones de los enfermos del otrora Hospital Militar en súplica de su salud con la Virgen de Linares como mediadora.

Dejando atrás la ciudad en su duermevela dominguero, avistaremos el verde primaveral, pujante y nuevo al tomar la carretera de Cerro Muriano para coger a la derecha el viejo camino del santuario, en tierras que riegan las aguas de los arroyos de Pedroche, de Linares y de Balanzonilla, adornadas con una profusa vegetación de ribera de plantas silvestres y aromáticas y con abundantes restos romanos como el miliario y el puente.

Se oirán y se bailarán las "Sevillanas de la Virgen de Linares", compuestas por la romera Fabiana Rioboo sobre otras, antiquísimas, que acomodó para sí misma la Hermandad cordobesa del Rocío.

Dicen así las de Linares:

I

El arroyo de Pedroches
Linares va rodeando
y al llegar al santuario
se esparce bajo tu manto.
Se esparce bajo tu manto.
¡Oh, Virgen Conquistadora!
te venimos a pedir
que nos guíes y nos lleves
por donde debemos ir.

Que no te puedo cantar
y estoy delante de ti.
Porque si miro a tu altar
Tu Niño me hace reír
Y tú me haces llorar.

II

¡Oh, Virgen cordobesita
de Linares, Madre nuestra!,
desde que llegaste aquí
se nos quitaron las penas.
Se nos quitaron las penas
porque tú eres, Madre mía,
tan pura y tan perfecta
que todos los cordobeses
se prendan de tu belleza.

Que no te puedo cantar
y estoy delante de ti.
Porque si miro a tu altar
tu Niño me hace reír
y tú me hace llorar.

III

Mi Córdoba está orgullosa
de esta Virgen tan bonita
que el rey Fernando nos trajo
para conquistar la villa.
Para conquistar la villa
de mi Córdoba sultana,
orgullo de Andalucía.

Que no te puedo cantar
y estoy delante de ti.
Porque si miro a tu altar
tu Niño me hace reír
y tú me haces llorar.

IV

Cuando Córdoba amanece
callada, ante su sierra,
las campanas de la ermita
redoblan por la ladera.
Redoblan por la ladera.

Córdoba, te quiere tanto,
con un amor tan profundo,
porque eres la más bonita
que existe dentro del mundo.

Que no te puedo cantar
y estoy delante de ti.
Porque si miro a tu altar
tu Niño me hace reír
Y tú me haces llorar.

Y en el puerto de La Salve se rezará el "Ángelus Domini nunciavit Mariae" y seguro, seguro, que grupos de romeros cantarán la "Salve a Nuestra Señora de Linares" con la misma unción y el mismo fervor con que oí cantarla a una joven madre, en el santuario, mientras esbozaba sonrisas cómplices a su hija de pocos años:

SALVE A NUESTRA SEÑORA DE LINARES

Dios te salve, Virgen Pura,
Reina del cielo y la tierra;
Madre de misericordia,
De gracia y pureza inmensa;
Vida y dulzura, en quien vive
Toda la esperanza nuestra.
A ti, Reina, suspiramos,
Gimiendo y llorando penas,
En aqueste triste valle
De lágrimas y miserias.
Ea, pues, dulce Señora,
Madre y abogada nuestra,
Esos tus hermosos ojos
A nosotros siempre vuelvas;
Y a Jesús, fruto bendito
De tu vientre, hermosa perla,
Después de aqueste destierro
En el cielo nos lo muestras.
¡Oh clementísima Aurora!
¡Oh piadosísima Reina!
¡Oh dulce Virgen María,
De Linares madre nuestra!
Pues eres reina del cielo,
Alcanzad de vuestro Hijo
La salud para este pueblo,
Para que todos te alaben
En la tierra y en el cielo.

Otros quizá rememorarán esta otra, del mismo título, "Salve a Nuestra Señora de Linares", que un día compusiera Ricardo Molina, nuestro poeta del Grupo Cántico:

Dios te salve,
Reina y Madre de Linares,
cuyo trono es primavera
donde la rosa primera
y el clavel
te ofrecen misa de aromas
entre un vuelo de palomas
y un ansia azul de laurel.

Dios te salve en la mañana
que un lucero condecora;
Dios te salve, Soberana,
a cuyas plantas, la aurora
rosa y rosicler desgrana;
Dios te salve, Virgen Pura,
Vida, Esperanza y Dulzura.

Pues a tu clara presencia
todo en altar se convierte,
y pues solamente al verte
todo se vuelve clemencia
desde el sol hasta la rosa,
cada ser es una glosa
que te canta Dios te salve,
Dios te salve, Reina y Madre
Reina Misericordiosa.

El santuario está cerca y todo lo sugiere, todo lo anuncia, como en estos versos de Fernández Grilo:

Surge de las peñas
el agua clara;
y en las arideces
del despoblado
se levanta tu templo
purificado.

Dora el sol la cumbre
por la mañana;
lo anuncia el son alegre
de la campana.

El órgano preludia
rumor suave
y la lámpara humilde
brilla en la nave.

Ya del quemado incienso
la nube brota;
y ante la santa imagen
trémula flota.

Hemos llegado a las puertas del santuario, bien guardadas por la santera nata Amalia Jurado, libro abierto de historias y anécdotas. Bajo el templete de columnas corintias, reina la imagen bendita de la Virgen de Linares, a la que Ricardo Molina, en homenaje a Baldomero Moreno, le dedicó estos versos libres:

LA VIRGEN DE LINARES

Estás aquí en la paz y el abandono
de piedra y palma, de penumbra y lirio,
que colman de dulzura el santuario
solitario, encalado; aquí, tan lejos
del vaivén ciudadano, de los ídolos
que aplastan con su pie a la muchedumbre,
en clara calma agreste, azul y oro,
dando tu aliento a los almendros puros,
rodeada de estrellas y silencio,
cuando el sol fuera abrasa los vergeles,
rincón umbrío, paz y luz del campo.

Permitidme, amigas y amigos, que termine con un saludo y una plegaria de este humilde pregonero a la Virgen:

"Ave, María, gratia plena", llena de gracia, llena de fe, llena de amor, llena de gloria. "Ave, María, gratia plena", plenitud de plenitudes, claridad de claridades, bendición de bendiciones, fulgor de fulgores... María Purísima de Linares, vigía de la sierra desde tu atalaya sagrada.

"Ave, María, gratia plena...", Ave, Mater divinae gratiae, purissima, castissima, inviolata, intemerata, inmaculata, amabilis, admirabilis, Boni Consilii... Ave, Virgo prudentissima, veneranda, praedicanda, potens, clemens, fidelis... Yo te saludo, espejo de justicia, trono de la sabiduría, rosa mística, casa de oro, arca de la alianza, puerta del cielo, estrella de la mañana... Yo te saludo, Purísima Concepción de Linares, regalo soberano del Santo Rey, ante tu agreste trono mayestático, sublime pedestal coronado por el firmamento azul que la noche borda de luceros, espejos esplendentes de tu belleza...

Yo te saludo en nombre de tu Real Hermandad. Y por encargo de todos los cordobeses, que un día te nombraron Virgen Conquistadora de una ciudad "cuna de guerrera gente y de sabiduría clara fuente".

Yo te saludo como uno más de los romeros venidos de esa ciudad vieja y sabia sobre la que ejerces, Señora, desde Sierra Morena, tu inmensa protección. De esa ciudad que alfombra tu santuario, faro de luz mariana, relicario de amor en la augusta majestad de las estrellas, donde te yergues como la esbelta palma, como la rosa de Sarón.

Por tu encarnación inagotable la palabra revelada en el Evangelio cobra sentido y el anuncio de la Buena Nueva da contenido a nuestra fe en el Dios de Abraham, en el Dios de Isaac, en el Dios de Jacob... en Jesús de Nazaret, en el hombre Jesús que vivió en la historia, que forma parte de la humanidad, que se hace presente en la Eucaristía.

A Él y a través de ti, Madre de Dios y Madre nuestra, ofrendamos el pan que alimenta, el vino que fortalece, el tradicional huevo duro y el arroz cordobés de nuestro almuerzo de hermandad.

Ofrendamos con ellos todos los frutos del campo, del ingenio, del arte, de la industria.

Recibe estas ofrendas, María Purísima de Linares, y ponlas a los divinos pies de tu Hijo. Son las ofrendas del pueblo de Córdoba, que consciente de que eres mediadora universal de todas las gracias, confía en que las derramarás sobre él abundantemente.

Pero no nos dejes reducir a Dios al pulso de nuestros intereses, aunque sean lícitos y nobles. Enséñanos a verlo en la dignidad y en la libertad de los hombres y de las mujeres, hermanos nuestros todos ellos.

Bendice, Madre de Linares, a este pueblo que a ti llega con una devoción meridional, cálida como nuestro clima y nítida como nuestro cielo.

Mientras un cordobés aliente, tú serás, Purísima Concepción de Linares, reina y madre de esta ciudad y relicario de su viejo corazón.

¡Cordobesas y cordobeses, vamos todos a la romería el 2 de mayo! ¡Viva siempre la Virgen de Linares!

 

NOTAS

(1) Lizcano, Rafael: Exaltación a la Virgen María, Jaén, Institución Literaria Federico Mayor Zara­goza, 2000, pág. 110.

(2) Díaz Vaquero, María Dolores: La Virgen en la escultura cordobesa del barroco, Córdoba, Caja-Sur, 1987, pág. 23.

(3) Redel, Enrique: La Virgen de Linares, conquistadora de Córdoba, 2" edic., Córdoba, CajaSur, 1986, págs. 15-17.

(4) Orti Belmonte, Miguel Ángel: La catedral-antigua mezquita y santuarios cordobeses, Córdoba, Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1970, págs. 235-236.

(5) Anónimo: Casos notables de la ciudad de Córdoba, 2 a edic., Montilla (Córdoba), 1982, págs. 4-5.

(6) Vázquez Lesmes, Rafael: La devoción popular cordobesa en sus ermitas y santuarios, Córdoba, CajaSur, 1987, pág. 14.

(7) Villar Movellán, Alberto: Guía artística de laprovincia de Córdoba, Córdoba, Universidad, 1995, págs. 232-233.

(8) Orti Belmonte, Miguel Ángel: Op. cit., pág. 237.

(9) Redel, Enrique: Op. cit., pág. 39.

(10) Castillejo Gorraiz, Miguel: Fuente que mana y corre, Córdoba, CajaSur, 2004, pág. 89.

(11) Villar Movellán, Alberto: Op. cit., págs. 232-233.

(12) Vázquez Lesmes, Rafael: Op. cit., págs. 22-23.

(13) Ramírez de Arellano y Gutiérrez, Teodomiro: Paseos por Córdoba, o sean apuntes para su historia, Córdoba, Diario Córdoba, 2001, t. II, pág. 243.

 



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