Este Vaso de Nuestra Señora de Linares, fué regalado por Nuestra Hermandad al Obispo de Córdoba
D. José Proceso Pozuelo y Herrero con motivo de una visita que éste realizó al Santuario en el año de 1.898.

En la actualidad es el único que se conserva.

Fué hallado en el rastro madrileño en el año 1.995 por D. Rafael Ruiz Tamajón.

 

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La Virgen Conquistadora. 21 de Abril 1993

Por

D. Miguel Salcedo Hierro
Cronista de la Ciudad


PASADO mañana se celebrará el Pregón de la Romería de la Virgen de Linares, como preludio del gran acontecimiento cordobés que supone el magno desfile popular hacia su histórico Santuario.

El pregonero que ha asumido la gran responsabilidad de cantar las glorias de María en su tradicional advocación de Linares es José Capdevila Orozco, cuya admirable formación cultural, su acendrado cordobesismo y la calidad habitual de su oratoria, garantizan el triunfo del pregón, por anticipado. La presentación estará a cargo del catedrático y académico, doctor Manuel Peláez del Rosal, a quien la Historia ha obligado este año a la doble misión presentadora de Linares y Santo Domingo, por haber sido en el pasado año de 1992 pregonero conjunto de los sagrados titulares de ambas hermandades.

Debo publicar que la Santísima Virgen de Linares siempre ha sido para mi una inagotable fuente lírica. El poeta Ricardo Molina, tan enlazado espiritualmente con la imagen y el lugar donde se venera, se la imaginaba "en un vuelo azul de laurel". Si a los cordobeses se nos propusiera la coordinación de tres palabras (instantáneamente), serian muchísimos los que dijéramos "Linares-Primavera-Flor".

Estas tres palabras las tiene asumidas la Hermandad históricamente. Por eso sus piadosos actos triduanos culminan esplendorosamente en una ofrenda floral de inusitada magnitud.
Sin embargo, es en la propia romería donde la Virgen de Linares recibe el primer homenaje de flor de cada primavera. Hace unos días me invadió el alma el deseo de visitar el escenario romero: arroyo, santuario, cerro... Accedí a mi impulso y ante el empuje ancestral de la Naturaleza, vi la humildísima alfombra de las florerillas silvestres. Entonces entendía que aquella era la devolución anticipada de la ofrenda: el impagable regalo de la Virgen a sus romeros... La verdad es que tomé nota de sus características principales: tallos, hojas, colores y aromas, y que posteriormente me ayudé de una copiosa documentación botánica, para permitirme asegurar hoy que allí estaban la corregüela mayor, de metro y medio de altura y hojas acorazonadas; el cabello de Venus y la barba de capuchino, que viven parásitas sobre los verdes pinos; la borraja, de floración azul y blanca; la lengua de buey, con sus brotes azulados o purpúreos, las pequeñas flores azules de la nomeolvides...

Aun haciendo extensa la lista, no deseo dejarme atrás, porque también poseen propios merecimientos, las floraciones blanco-verdosas de la mandrágora; los toques fuertemente rojos de la algarabía, el blanco y rosa de los tomillos; los colores liliáceos o blanquecinos de los romeros; las flores vivamente azules de los espliegos; las corolas gráciles y moradas de los cantuesos; las blancas de los marrubios; las rojas de los aguavientos; las flores azules de los hisopos y las de los oréganos, que muestran sus rosados y sus alburas...
¿No es todo ello una maravillante ofrenda floral? ¿No es un delicado homenaje de Nuestra Señora, a la que el pueblo le suele decir la Virgen Conquistadora, siguiendo la vieja tradición afirmativa de que Fernando III de Castilla o San Femando, la traía sobre el arzón delantero de la silla de su montura?

Cierto es que, hasta ahora, no se ha podido justificar exactamente la certeza del hecho; pero lo que sí es verdad es que la Virgen fue traída a Córdoba y no se quedó en la propia ciudad, sino en el lugar de su Santuario.

La Virgen Conquistadora ha sido acercada al recinto urbano en muy pocas ocasiones: la última en 1985, mientras se restauraba su templo serrano. Año en el que presentó la novedad de que por primera y única vez en su historia fuera presidenta de honor de su propia romería. Ella fue de romera hasta su santuario.

La venida a Córdoba de la Virgen de Linares es -y ha sido en todas las ocasiones-motivo de ceremonias emocionantes. Varias veces, por lo que hace al siglo pasado y el presente, ha sido traída por diversas razones: el peligro que supuso la entrada de los franceses en 1808. En esta ocasión estuvo albergada en la iglesia de San Pedro. Al pasar el general Dupont, con sus tropas, ante el templo, mandó que éste fuera volado a cañonazos. Creyó que era un cuartel o la fortaleza donde se albergaba don Pedro Agustín de Echavarri, comandante general de la vanguardia del Ejército español de observación de Sierra Morena. Pero es histórico el caso de que cuantas veces se intentó el disparo, se apagó la mecha del cañón amenazante. Como estas circunstancias dieron tiempo a que el general francés fuera informado de que no se trataba de una instalación militar, sino de una iglesia, la piadosa devoción del pueblo de Córdoba atribuyó el hecho a la intercesión milagrosa de la Santísima Virgen de Linares, que se salvó, con el templo, de su inminente destrucción. Otras ocasiones y motivos: el hambre que afligía al vecindario en 1812; la epidemia de cólera, que amenazaba sus vidas en 1865 y 1885; y en tres ocasiones más, por hechos memorables; el quincuagésimo aniversario de la definición de Dogma de la Inmaculada en 1904, la conmemoración de la conquista de Córdoba y el final de la guerra civil en 1939, La penúltima venida a la ciudad fue el 28 de junio de 1963 —también en celebración de la Conquista y quedó entronizada por cuarenta y ocho horas en el salón de los mosaicos de Alcázar de los Reyes Cristianos.

El extinto cronista de Córdoba don José María Rey Díaz —mi admirado maestro— dejó dicho, de forma muy precisa: "que tan pronto como el señor rey don Fernando recristianizase a Córdoba, brotó, como fruto de su piedad, la devoción a la Madre de Dios, en el enigmático titulo de Linares".

Desde entonces, nuestros compatricios sienten, aun sin saber por qué, la atadura firme que les une con la tradición pía; con la efigie de la celestial Señora; y con el Santuario donde recibe culto desde hace mas de sieto siglos. Ninguna devoción mariana pudo ganar a ésta en antigüedad, ni despertó tanto fervor como el que, de varios modos, han manifestado desde entonces acá, los cordobeses creyentes, en su decidida predilección por la Virgen de Linares.

Patronato del Cabildo Eclesiástico sobre el Santuario, ayuda del Concejo Municipal en los cultos y cuidado del camino que conduce al lugar del peregrinaje; misas solemnes en los domingos pascuales de la primavera cordobesa; paseos triunfales de la Conquistadora en derredor de la atalaya testigo de la toma de la ciudad en 1236; festejos y regocijos populares; comidas de fraternidad, secuelas de la estancia el día entero, fuera del domicilio y en pleno campo, venidas de la imagen, traídas entre olivos, bañada de sol y a hombros de cordobeses fervorosos, y alegrías de campanas que voltean, de cohetes que truenan y de entusiasmos que resuenan en vivas coreados.

La expresión del piadoso culto a esta Virgen nuestra, aureolada de historia, tuvo facetas tan variadas como la de suspender la marcha procesional para rezar la Salve en alta voz emocionada, en pleno campo, o la de que no faltase en ninguna casa cordobesa un vaso de cristal con la imagen grabada y traslúcida de la Purísima de Linares, estrenado en el arroyo con el agua que, sin escrúpulos, bebían los romeros; vaso que, luego, a la cabecera de los enfermos, contenía medicinas salutíferas...".
A mí, personalmente, ¡cuánto me agradaría poseer alguno de aquellos vasos cristalinos! A lo mejor no presentaba muchas dificultades reproducir cada año uno de ellos, con la imagen de la Inmaculada de Linares y el año de su estreno. Quién sabe si podrían costearse con su propia venta. Y qué bella y fervorosa colección...

Hemos de escuchar el pregón de Capdevila Orozco; porque es necesario que, por influjo de la primavera cordobesa, se realice en nuestro corazón la renovación espiritual de nuestra fe linareña. Para decir, con un vaso virginal lleno de agua del arroyo, que la Virgen de Linares es "agua de fuente escondida, que le dio la vida a un rosal, y que es luz de nuestra vida, pues fue en gracia concebida, sin pecado original".